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LA CONTRACRÓNICA

No prendieron la traca final

El Espanyol se fue quedando sin pólvora cuando más la necesitaba, así como con la suerte. Se dejó escapar una nueva oportunidad

Jordi Luengo Jordi Luengo
22/04/2019

 

El Espanyol llegaba a Valencia con serias opciones de poder prender la traca final para afrontar lo que queda de campeonato. En una tierra que disfruta de los petardos, hogueras y brasas gracias a sus Fallas, el conjunto de Rubi no podía jugar con fuego. Tenía que ir a por el triunfo para, al igual que los valencianos viven con emoción esta festividad, permitir que los pericos pudieran emocionarse con la posibilidad de luchar por la séptima plaza de la tabla.

Las sensaciones del primer tiempo invitaron a pensar que el equipo podría cerrar la jornada muy cerca de la séptima plaza. Salieron con ímpetu. Con vivacidad y pasión en su juego. Pero al final no fue posible meterse en la zona caliente por Europa. Muchas veces a los valencianos el mal tiempo les ha aguado las Fallas, al igual que ha hecho la lluvia en muchos rincones de España durante esta Semana Santa, pero la climatología no fue la causa de que las aspiraciones europeas se desvanecieran. Pese a que el viento quiso ser protagonista, fueron algunos fallos defensivos, y la buena actuación del meta local, los que impidieron la victoria. Y, sobre todo, dos petardazos en la retaguardia que propiciaron los goles de un Levante que se jugaba la vida.


Las Fallas de Valencia empiezan con el acto de la Cridà -pregón en castellano-, y así iniciaron el encuentro los de Rubi. Salieron decididos a decir bien alto que querían pelear por una ilusión. Pronto se adelantaron en el marcador, mandaron y al igual que cuando se queman los muñecos durante esta fiesta valenciana, estuvieron cerca de que todo empezara a arder en el Ciutat de València, ya que la afición local veía muy difícil poder salir de la quema. Todo podía estallar en cualquier instante.


Pero en medio del desastre local, ya que el Espanyol era el dueño del partido y estaba dejando buenas sensaciones tanto por lo que se refiere al juego como a la actitud, Aitor fue el ‘Ninot’ indultado por su afición. El portero le dio vida a su equipo a un minuto para el descanso. Primero sacó un cabezazo de Hermoso que ya entraba y a continuación, en una gran demostración de reflejos, volvió a meter otra mano para evitar el segundo tanto visitante. Fueron unos instantes en los que los pericos pudieron prender definitivamente la llama del optimismo, pero que fueron los granotas los que mantuvieron viva la llama de la esperanza.


Y si muchas veces cuesta apagar los fuegos, al Espanyol le sucedió lo mismo con el partido. No era capaz de cerrarlo pese a tener el control y tener opciones de ‘matarlo’. Evidenció de nuevo uno de sus problemas este curso. Y lo volvió a pagar. En un error defensivo, el Levante empató cuando más sufría. Tras los resultados del fin de semana tenían la zona caliente de la tabla más cerca, pero con un chispazo empezaron a creer. Resucitó de entre las cenizas. El empate fue un jarró de agua fría que mojó las aspiraciones pericas, pero pareció que el viento que no cesó en todo el partido quiso reavivarla pronto. Reaccionó la perfección y Marc Roca, que lideró al equipo con una antorcha para evitar que nunca se apagara la mecha de la ilusión, volvió a hacer creer.


El Espanyol volvía a tener todo a punto para la traca final. Pero La Nit de la Cremà -acto con el que se clausuran estas fiestas valencianas- llegó antes de lo previsto. Al igual que el fuego arrasa con todo a su paso, Rocchina llegó a la frontal del área para con un potente disparo poner las tablas en el marcador. En una recta final con continuas idas y venidas, el Espanyol se fue quedando sin pólvora cuando más la necesitaba. Y cuando la tuvo, al igual que en el primer tiempo, le faltó algo de suerte. Hernán Pérez se fue directo hacia el marco rival y su disparo impactó como un trueno en el palo de la meta levantinista. Fue la última ocasión para seguir manteniendo viva una llama que empezaba a apagarse.


Y como el fuego a nadie le gusta, ambos equipos no acabaron nada contentos; los blanquiazules, ayer de amarillo, porque veían como se ponía más difícil una ilusión, mientras que los granotas porque no acababan de alejarse de los puestos de descenso. Y la afición perica también acabó caliente por dejar escapar una nueva oportunidad para meterse en la pelea final. 

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