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LA CONTRACRÓNICA

Mejor actitud, sí, pero lo mismo de siempre: No es suficiente

Aunque cueste admitirlo y nos digan lo contrario, somos, irremediablemente, de Segunda. Este equipo tiene lo que se ha merecido

Marta Mendoza Marta Mendoza
30/06/2020

 

Una decepción tras otra. Y así sin parar. Aunque esta fue, prácticamente, ya indolora tras las vividas ante Levante y Betis, sin olvidar las mil y una desde principio de temporada. Pero los desencantos no solo llegan por parte de nuestro Espanyol, sino también del rendimiento de rivales directos como Celta o Eibar. ¿Qué les han dado a esas dos plantillas para reaccionar de esa manera? ¿O solo ha sido cuestión de fe, actitud y muchos bemoles? De otro modo, es inexplicable. Ni que se hubieran convertido en Liverpool o PSG de golpe… Mientras, en Can Perico, más de lo mismo. O peor. A diez de los celtiñas y a 11 de Alavés, Eibar y Valladolid. Ahora sí que misión todavía más imposible.

Como bien decía un buen amigo mío, “odio creer que mañana será diferente cuando sé que será la mierda de siempre y que aún así me parecerá la mejor mierda del mundo”, y no puedo estar más de acuerdo en ello. A día de hoy poco o nada hay a lo que agarrarse para no desfallecer, aunque eso, desgraciadamente, no es nada nuevo. Pese a ello, aquí seguimos y seguiremos. Hasta donde haga falta y aunque duela. Y es que esta semana he podido compartir charla con pericos ilustres como Marañón, Solsona, ‘Coco’ Bertomeu, Orejuela e Iñaki Pérez de Arrilucea. Y si algo me han metido en la cabeza es que ahora solo toca unión y creer, para la crítica ya habrá tiempo cuando todo haya terminado. Porque las cosas no siempre salen como uno quiere, pero eso no te da derecho a quemarlo todo. Este club está por encima de las decepciones. Es un histórico al borde de consumar un desastre, sí, y a las puertas de su 120º aniversario y tras tocar el cielo volviendo a Europa hace un año, pero un grande y un ejemplo al fin y al cabo. Así que voy a aplicarme ese discurso y no abrazaré la autodestrucción. Nunca pasaré nada por alto, pero tampoco contribuiré, a día de hoy, a que arda Troya. Me han enseñado que ahora no toca. Y ellos son sabios y saben de qué va esto. Así que si me permiten un humilde consejo, a una servidora le ha ido bien asumir lo que viene para no hacerse más mala sangre. Aunque no guste, esta guerra ya está perdida. Hay que ser realista.

¿Para qué?
Siete partidos por delante son muchos. Pueden pasar muchas cosas, pero como bien reconoció Durán previo al inicio del encuentro, lo hecho hasta el momento ha hipotecado, sobremanera, la trayectoria de un equipo que ayer al mando de un director deportivo reconvertido en entrenador revulsivo, y todo lo que haga falta, empezó a correr. Se le vio actitud. ¡Hay vida! Mejor dejémoslo aquí, ¡ejem! El problema fue el mismo de casi siempre cuando ha habido buenas puestas en escena; que pese a no jugar mal, se pierde igual. Mazazo justo antes del descanso tras no haber sufrido en exceso ante el Real Madrid, alguna que otra ocasión y un recital de paradas de Diego.

Plantó cara el cuadro perico ante un Real Madrid que no estaba para tirar cohetes en plena verbena de San Pedro, pero eso no fue suficiente, ya que no hay forma de ver puerta. De nuevo esa sensación de quedarse a medias pese a intentarlo hasta la saciedad. ¿Se vio algo diferente? Sí, que es lo que buscaba el club con el cese de Abelardo, pero ahora hay que preguntarse para qué. Mejor esto que la desidia, está claro, ya que si hay que morir que sea matando, de pie y no hincando la rodilla. Pero da coraje, por no decir algo un poco peor, ver que si este equipo quiere, puede salir de ese “desánimo” que dijo Durán en que había caído el equipo. Tiene delito. Que haya sido bajo las órdenes del que debe confeccionar la plantilla del próximo año que estos jugadores hayan mostrado la cara y los arrestos que tras empezar con buen pie ante Alavés y Getafe, les hubieran llevado a vivir una realidad muy distinta. Una pena. Pero como decíamos al principio, este club es así. Te da y te quita. Te desconcierta. Pero te atrapa y ya puede traicionarte y serte infiel que no lo dejas. Así somos, a todos los niveles; raros, locos, ilógicos...
Y aunque cueste admitirlo, somos, irremediablemente de Segunda. Los números cantan, este equipo tiene lo que se ha merecido. Ni más ni menos. ¡Ànimo pericos!

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