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LEANDRO CABRERA

“Machín me apretó un poco, me tiró de las orejas e hizo que me centrara”

El uruguayo hubiera vivido un partido especial este domingo ante el Getafe

Jordi Luengo Jordi Luengo
25/03/2020

 

Leandro Cabrera, que no se ha perdido ningún minuto con la blanquiazul desde que debutó ante el Athletic Club el pasado 25 de enero, hubiera vivido un partido especial este pasado domingo si no se hubiera suspendido el campeonato liguero. Debía enfrentarse al Getafe, equipo en el que jugó hasta hace dos meses, y ante uno de los dos entrenadores que más le han marcado desde que llegó a España, José Bordalás.

Cabrera dejó el conjunto azulón tras dos temporadas en las que dejó muy buenas sensaciones y así lo reconocían en el club madrileño al confirmarse su marcha. “Era un jugador importantísimo para nosotros. Todo fue muy rápido e inesperado. Siempre que se marcha un jugador importante no es una buena noticia. Es un chico que nos ha dado mucho. Aposté por él cuando no tenía mercado en Primera división. El Getafe ha hecho mucho por su crecimiento y él también. Le deseamos lo mejor en su nueva etapa”, manifestaba su extécnico. Y una de las voces autorizadas del vestuario, su compatriota Damián Suárez, que cumple su quinta temporada en el club, reconoció que “la salida de ‘Lele’ nos trastocó un poco, ya que era un jugador muy importante. Es un profesional como la copa de un pino y le deseo lo mejor”.
Ahora a sus 28 años, el uruguayo, que ha firmado hasta junio de 2024, se ha de convertir en el líder de la defensa blanquiazul durante los próximos años. Y está en el buen camino para conseguirlo.

Viene de familia futbolera
Aprovechando la suspensión de LaLiga queremos que la afición del Espanyol conozca un poco más a ‘Lele’. Para empezar, en su etapa en España, dos extécnicos pericos aparecieron en su carrera: debutó en Primera con Quique Sánchez Flores y empezó a ofrecer su auténtico nivel con Pablo Machín.
Cabrera desde siempre ha tenido el fútbol muy presente en su casa. Su abuelo Pepe Sasía fue uno de los grandes jugadores de Uruguay, destacando, sobre todo, en Peñarol de Montevideo, aunque no pudo compartir muchas vivencias al fallecer cuando era pequeño. Y su padre fue segundo entrenador de Peñarol. “En Uruguay lo primero en muchas familias es la pelota. Uno siempre sueña con todo. El día que debuté con mi equipo fue un sueño realizado, al igual que cuando disputé la Copa Libertadores… He ido cumpliendo muchos de mis objetivos y estoy muy feliz con todo lo que he realizado”, manifestaba hace unos meses en el programa Hora Azulona que cubre la información del Getafe.

El nuevo espanyolista empezó jugando en el equipo del colegio donde pronto le subieron de categoría al ser “grandote”. Después pasó al Belgrano, un conjunto de barrio, y más tarde al Don Bosco, aunque también iba jugando en los conjuntos de formación de Defensor Sporting, donde entró con nueve años y estuvo hasta los 13, que fue cuando empezó a competir más en serio. De esa etapa recordaba que “cada tres meses había que pasar lista y muchos compañeros se quedaban fuera. Siempre estaba asustado en ese momento, porque quería seguir. Iban pasando filtros y en esos años vi pasar a muchos compañeros. Sufría en cada lista y cada vez que pasaba lo festejaba”.

Un salto prematuro
El central debutó muy joven con la selección uruguaya sub-20 y en Primera división con Defensor Sporting con solo 17 años. Todo le iba muy rápido y pronto cruzó el charco para emprender su aventura europea ya hace diez años. Con solo 18 años llegó al Atlético de Madrid considerado una de las auténticas promesas del fútbol sudamericano. Enrique Cerezo lo presentó como una “futura figura, por su gran proyección”.
Pero sus inicios en España no fueron sencillos. “Vine al Atlético pero no estaba preparado mentalmente para hacerlo. Me extrañaba ya desde antes de irme de Uruguay. Regalé mis dos primeros años en España hasta que tuve la suerte de ir cedido al Numancia. Allí coincidí con Pablo Machín, que debutaba como técnico en Segunda, y me dijo que llevaba dos años viéndole las orejas al lobo y que esta podía ser mi última oportunidad. A partir de ahí, empecé a disfrutar de lo que es el fútbol y competir como lo había hecho siempre en Uruguay, pero por cuestiones de inmadurez no estaba haciendo acá”, reconoció en el medio azulón. Quizás pecó de ser un poco inconsciente, algo que puede pasar a esa edad.

No se arrepiente de nada
Cabrera llegó demasiado joven a España. Sin ir muy lejos, Matías Vargas que fichó este verano por el Espanyol con 22 años, reconoció a La Grada que aunque tuvo ofertas antes, no consideraba que estuviera preparado para dar un salto tan importante en su carrera.
El central, aunque las cosas no le salieron en sus inicios, asegura que “no me arrepiento de nada. En ese momento sufrí bastante; no era ninguna tortura, pero lo pasé mal al estar lejos de mi casa. Esa experiencia me hizo crecer muy rápido. Siempre fui muy de mi casa, de mi gente, y me tuve que desprender un poco de todo eso. Les extrañaba, pero mi sueño siempre fue jugar acá. Me costó afianzarme en Primera, pero valió pena cada paso que di”.

Machín cambió su suerte
En el verano de 2009, llegó muy joven y no debutó con el Atlético hasta la jornada 35 y lo hizo con Quique Sánchez Flores en el banquillo, quien había sustituido a Abel Resino. Le costó entender el fútbol español. Fue un curso sin pena ni gloria, pero que acabó con el título de la Europa League.

Tras esa primera campaña con muy poco protagonismo empezó a salir cedido en busca de minutos que le permitieran volver al Atlético. En la primera disputó 11 partidos de liga, nueve de titular, con el Recreativo de Huelva en Segunda, mientras que en la siguiente, en la campaña 2011-12 su suerte empezó a cambiar en Soria. “La primera cesión me molestó porque creía que podía tener un sitio en el Atlético, aunque sabía que aún no había hecho nada. A partir de mi segunda cesión, la del Numancia, me lo tomé todo como un aprendizaje”, manifestó.

En el equipo numantino disputó 33 jornadas, 32 como titular, y empezó a recuperar el nivel que había ofrecido en Uruguay. “Siempre le estaré especialmente agradecido a Pablo Machín, porque fue el técnico que me apretó un poco, me tiró las orejas y me hizo centrarme”, recuerda en Hora Azulona. Tras ese curso, actuó cinco temporadas en Segunda (Hércules, Real Madrid Castilla y tres en el Zaragoza) en las que disputó una media de 35 partidos ligueros por temporada. “Mi etapa en el Zaragoza deportivamente fue como una montaña rusa. Casi ascendemos y en mi último año peleamos por no descender. Fueron tres años en los que disfruté de estar en un equipo grande, con exigencias, aunque lamentablemente la situación era delicada. Al final lo único que vale es ganar. El Zaragoza es uno de los equipos en los que he estado que tengo más cariño”, recordó.

Bordalás le llamó
Sus tres años en La Romareda le permitieron dar el salto al Crotone del Calcio, pero solo duró media temporada y en enero de 2018 volvió a España. “Bordalás me llamó para el Getafe. Me dio la oportunidad; sabía de dónde venía y lo que había pasado”.

Junto a Pablo Machín y el actual técnico del conjunto madrileño, Cabrera añade otro nombre a la lista de entrenadores que le han marcado futbolísticamente durante todos estos años. Y es que no puede olvidarse del profe Santos, quien le marcó “muchísimo” en su carrera. “Él, que falleció hace un par de años, me hizo llegar a Defensor Sporting, y me encarriló, ya que de niño era bastante complicado y supo centrarme”.

Un camino duro y difícil
Como muchas promesas sudamericanas, el salto a Europa no es fácil al necesitar un periodo de adaptación. “Me costó mucho llegar. Me ha tocado ser suplente y también protagonista después. Al final lo que engrandece a cada jugador es el equipo”, reconoció. Futbolista de los que antepone el grupo por encima de actuaciones individuales, siempre ha sido muy bien visto en todos los vestuarios en los que ha estado. “Cada paso que di me sirvió y me permitió conocer un montón de jugadores y buenas personas. Con algunos me he vuelto a reencontrar. Mantengo relación con el 80% de mis excompañeros”. Precisamente uno de esos jugadores, con el que coincidió en el Real Madrid Castilla, y sigue en contacto es el exespanyolista Lucas Vázquez, el único de esa generación que ha llegado al primer equipo del Real Madrid.

Coraje uruguayo
Cada vez son más los futbolistas charrúas que triunfan en Europa y en LaLiga tenemos bastantes ejemplos. En el Espanyol los Stuani, Iván Alonso, Walter Pandiani, Darío Silva… son ejemplos del carácter y lucha de estos jugadores. Y es que según Cabrera, esta competitividad ya les viene de pequeños. “En los torneos de barrio de niños, si ves un partido puedes comprobar que de amistoso eso tiene poco. Ya ves a niños de 7 ó 8 años yendo a muerte, corriendo como locos y jugando un poco desordenados. Ya se les transmite ese coraje y competitividad”.

Así es Leandro Cabrera, un tipo muy familiar al que separarse de los suyos le dificultó la adaptación a su llegada a una liga que después le dio la oportunidad de resarcirse. Se muestra muy agradecido a aquellas personas que le hicieron mejorar y siempre mira el futuro sin olvidar lo que un día tuvo que dejar atrás. Y ahora ese futuro pasa por triunfar en el Espanyol.

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