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ENTREVISTA PACHETA

“Fue injusto y cruel anular ese gol en el derbi”

Debutó en Primera y con el Espanyol ante el Barça, y empezó a ganarse a la afición perica

Jordi Luengo Jordi Luengo
03/02/2018

 

Pasarán los años y el espanyolismo seguirá recordando a José Rojo Martín, ‘Pacheta’. Y los que disfrutaron del equipo de Camacho, en los últimos años de Sarrià, también lo harán con el gol que le anularon en el derbi, el día que debutaba con el Espanyol y en Primera. Ese 17 de septiembre de 1994 empezó a ganarse un hueco en el corazón de la afición perica. No tenía un estilo elegante sobre el césped, pero con su espíritu de sacrificio, garra y carácter no tardó en convertirse en uno de los ídolos del equipo. De pequeño soñaba con ser futbolista profesional y con la blanquiazul cumplió ese deseo, aunque el camino no fue fácil. En 1994 llegó al Espanyol y pronto demostró ser un jugador de equipo. De esos que siempre rinden y se lo dejan todo. Camacho y Bielsa le marcaron, dejándole un gran recuerdo. El mismo que él le dejó a toda la afición perica. En 1999 tuvo que pasar el mal trago de dejar el club y volvió al Numancia. Ahora, no esconde que le encantaría regresar al Espanyol.

José Rojo Martín, ¿por qué Pacheta?
Es un apodo con el que llamaban ya a mi bisabuelo en el pueblo hace unos 120 años y aún no han sido capaces de explicarme de donde viene. Es un nombre de la familia que se ha hecho famoso a través del fútbol.

¿Sigues recordando tu debut de perico en un derbi?
Sí, claro. Fue inolvidable. A otra persona se le podrían olvidar ciertos detalles de su debut, pero es que ese día no solo era mi debut en el Espanyol, sino que también lo fue en Primera. Tengo muchos recuerdos de ese partido como el gol, la emoción y el momento en que levanté la vista y vi al árbitro anulándolo. Había tenido una pequeña lesión en la pretemporada y ese día Camacho me dio la oportunidad de jugar. Había un gran ambiente en Sarrià, metí el gol que me anularon y a los 40 minutos me lesioné por estrés; un hueso que se había ido rompiendo dijo basta y me impidió seguir.

¿Ya sabes porque te lo anuló Gracia Redondo?
La única acción que podría ser punible es de Mauricio Pochettino en el salto. No hay otra, pero no era para anularlo. Aunque hubiera existido un contacto entre ellos, no hubiera evitado mi remate. Fue bastante cruel y creo que fue injusto que lo anularan. En el partido no veo la acción, pero después sí por televisión. Sigo creyendo que fue injusto que anularan ese gol.

¿En ese derbi empezó tu idilio con la afición perica?
Sí, seguramente. Solo recibo cariño cada vez que regreso a Barcelona. Estoy tremendamente orgulloso de que la puerta 94 del estadio lleve mi nombre (por cierto es la imagen que tenía en su WhatsApp cuando le llamamos).

¿Son muy distintos estos encuentros a los de tu época?
Sí. El dinero no lo es todo en el fútbol, pero es un factor determinante. A Barça y Madrid nunca les he visto peleando por el descenso, algo que sí que ha pasado con todos los demás. Al Athletic, que no ha bajado nunca, le he visto luchar por evitarlo. Con dinero puedes tener los mejores jugadores y ahora, a diferencia de mi época, hay algunos excepcionales que no los vamos a volver a ver. Creo que no volverán a salir esos grandes jugadores, que llevan unos años a su máximo nivel, y, encima, en una época donde ha mejorado mucho lo táctico y lo físico.

Pero en la Copa rompimos una mala racha de muchos años...
Sí, y es que pese a todo esto, también se les puede ganar. Si piensas que no es posible estás perdido. Nosotros siempre íbamos sabiendo que era difícil lograr el triunfo, pero en dos ocasiones nos pusimos 0-1 en el Camp Nou, aunque al final perdimos en los últimos minutos. Lo tuvimos en las manos, pero estos rivales en un mal momento se te vienen arriba y lo puedes pagar. Hay que ponerles todas las armas para evitar su juego y no hay mejor manera que hacerlo con ilusión.

Estuviste cinco años en el Espanyol. ¿Te cambiaron la vida? ¿Te marcó para siempre?
Sí, absolutamente. Llevaba dos años sin cobrar en Segunda, primero en el Marbella y después en el Mérida donde tampoco me pagaron los últimos seis meses. A nivel económico me la cambió y eso que yo seguramente tenía el contrato más bajo. Aquí llegué sin nada, solo deudas. Pero no solo me la cambió en esto, sino también en la ilusión, en vivir el fútbol de verdad, en lo familiar, humano… Hay una serie de equipos que me han marcado, pero el Espanyol es el equipo en que más años he estado y siempre he dicho que soy perico.

¿Es cierto que llegaste un poco de rebote dentro de la operación de Jaime Molina?
Correcto. Jaime es amigo mío y además es el padrino de mi hijo. Estuvimos siete años juntos en cuatro equipos distintos. El Espanyol quería a Jaime, un central duro, y el Mérida pidió una cantidad, y entonces dijeron que la pagaban si entraban dos jugadores. Y entré en la operación. En la vida hay que buscar la suerte y después ésta te ha de sonreír.

Llegaste un poco de casualidad, como has dicho, pero pronto te ganaste el cariño de toda la afición perica con tu implicación y esfuerzo...
Yo he sido autodidacta. No jugué en una escuela y con 21 años era carpintero, pero con 26 estuvo en Primera. Veía que los que jugaban en mi sitio eran mejores y que con su calidad solucionaban situaciones. Yo tenía que explotar y aprovechar mi ilusión. Estar siempre muy concentrado y no dormirme en ningún momento. Y eso lo vieron mis entrenadores. Si veía que Arteaga era mejor, tenía que estar concentrado y preparado por si llegaba mi momento. Y eso es lo que me ayudó a conseguir lo que logré. Yo siempre tuve algún problema muscular, ya que tenía que hacer seis grandes esfuerzos a la semana. Era el camino para poder jugar de inicio.

Demostraste actitud, trabajo, garra, sacrificio e implicación. ¿Todo esto ha de ser innegociable en el fútbol?
Cierto. Todo esto para mí no se negocia. Has de estar ilusionado por vivir este deporte. Yo soy un enamorado del juego, de sus secretos… y no entendía que un día no estuvieras contento o concentrado. Hay que intentar aislar los problemas de la vida y si no estás en condiciones de jugar por un problema grave, mejor que no entrenes. Cuando te ejercitas hay que hacerlo con alegría y más si estás en Primera División.

A parte de todo esto, tenías carácter. ¿Cómo se puede ser un líder sin ser un crack?
No sé si era un líder o no, aunque en ciertos momentos, por mis actos, podía ejercer como uno de ellos. Mi padre siempre me decía que hay que valorar a la gente por lo que hace, no por lo que dice. Yo nunca estuve en un escándalo, llegaba el primero al vestuario para entrenar, valoraba al equipo por encima de mí… Mi objetivo era intentar ser un ejemplo y cuando haces esto, entonces puedes exigir.

Entre las diez posiciones que has ocupado en tu carrera, ¿en cuál te encontrabas mejor?
Donde más cómodo me sentí fue de central izquierdo. Yo inicié mi carrera de extremo y en Tercera marqué casi 60 goles en tres años, ya que tenía llegada. Como medio defensivo creo que tenía algunas dificultades para darme la vuelta, pero como central me encontraba bien, tenía un buen juego aéreo… De todas maneras el que decide es el míster y yo jugaba con alegría en la posición que fuera. El grupo estaba por encima de todo. Probablemente, las dos posiciones más raras para mí fueron la de lateral e interior derecho, ya que soy zurdo cerrado. Roberto no estuvo para el primer partido, jugué en esa posición y ganamos. Con Camacho jugué 18 partidos en banda derecha hasta que me lesioné en Vigo con Mazinho.

Marcaste 15 goles en esos cinco años. ¿Son muchos para un jugador defensivo?
Creo que tendría que haber metido más porque considero que tenía más gol. Cuando volví al Numancia, en mi primer año marqué 8 goles. Y de estos siete fueron de cabeza.

¡Es que rematabas muy bien!
Bueno... (risas). Saltaba bien, pero sobre todo era una buena coordinación del espacio-tiempo. Para rematar bien de cabeza solo hay que ser valiente y tener intuición. Cuando sabes que hay un compañero que la pone allí hay que ir, ya que de diez balones que quiera centrar a esa zona, ocho irán al sitio que crees porque se ha entrenado.

¿Cuál es tu mejor recuerdo?
Muchos. El día que nos clasificamos para la UEFA, mi debut, el fichaje, el recibimiento que tuvimos los jugadores de mi epoca en el Centenario... Esa vuelta al campo es inolvidable. Tengo recuerdos fantásticos. ¡Y es que en el Espanyol solo he recibido cariño! Creo que hice bien las cosas para que me quieran así. Y después en el lado negativo está la dura decisión de marcharme. Lo elegí yo y he de agradecer a Dani (Sánchez Llibre) su comprensión y respetarme. Tenía dos años más de contrato, pero algunas cosas se estaban deteriorando y decidí salir, pese a que fue un momento durísimo para mí. Algunas partes de mi cuerpo decían que era lo correcto, pero otras que no.

¿Qué sientes cuando vienes a Barcelona y pasas por Sarrià?
Añoranza y grandes recuerdos. Soy un privilegiado por haber podido jugar en ese campo y sobre todo por disputar el último partido. Cuando fue demolido, estuve cerca del estadio junto a mi mujer. Tengo la sensación de que si no hubiera fallecido Fernando Lara, es fue el momento más duro de mis años aquí, el Espanyol seguiría jugando allí y en un campo cinco estrellas. En esa época se juntaron muchas desgracias.

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