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raúl de tomás siempre confió en sus posibilidades

“En Córdoba tuve un reseteo mental. Hubo un día que cambió mi vida”

Considera que “para llegar a lo bueno has de pasar por lo malo” y reconoce que en la primera de sus cuatro cesiones conoció el fútbol profesional de verdad

Jordi Luengo Jordi Luengo
01/04/2020

 

Este enero no era la primera vez que el Espanyol intentaba fichar a Raúl de Tomás (17 de octubre de 1994, Madrid). En 2017 lo buscó, pero el jugador se fue cedido al Rayo y este verano volvió a sonar con fuerza. Tras mucho tiempo siguiéndole, el conjunto perico finalmente se ha hecho con los servicios de un delantero que es toda una garantía de presente y de futuro al haber firmado hasta 2026. Se le pedía rendimiento inmediato, y en un mes y medio ya ha hecho historia en el club: nadie antes había conseguido marcar en sus primeros cinco partidos oficiales (uno de Copa y cuatro de Liga).

A sus 25 años, el atacante ha regresado a LaLiga con ganas de comerse el mundo. El Espanyol invirtió como nunca para ficharle: 20 millones de euros más 2,5 en variables que le convierten en el fichaje más caro de la historia del club. Y es que el gol cada vez se paga más. Lo es casi todo en el fútbol. “El gol es perverso. Se lleva noches sin dormir y detrás de él hay tanta liturgia, tantos años de trabajo… El problema está en lo que significa para los demás. Si marcas has jugado bien y si no lo haces, porque el balón dio en el poste, entonces no. Ante eso, yo he aprendido a no dar importancia a lo que dicen los demás. No por desmerecerles, sino por centrarme en mí”, manifestó a la revista Panenka en marzo de 2018.

Acostumbrado a marca, reconocía en esa conversación que a veces le habían faltado al respeto por fallar o marcar un gol: “Me han insultado mucho y ha habido insultos muy feos. Que si soy un chulo, que si el peinado, pero hay que aceptarlo. La gente tiene voz para decir lo que quiera y yo no puede encararme o contestar a todo el mundo. Hay gente que no tiene escrúpulos y, aún sin conocerla, se acuerdan hasta de tu familia. Yo si estuviera en una grada me vería incapaz de hacerlo”, manifestó en un ejemplo de madurez. Para algunos compañeros estos insultos son una motivación, no es su caso, pero no se permite que le saquen del partido. Quizás, ya pagó el precio durante su etapa en el Córdoba.

Del San Roque al Madrid
La historia de Raúl de Tomás, de padre español y madre dominicana, se inicia a finales de los noventa. Con cinco años, solía jugar con sus amigos en un parque de Parla, al sur de Madrid. Poco después la familia se trasladó a vivir a Algete y con siete años fue inscrito en el San Roque, un club del barrio. En una entrevista al diario Norte de Castilla recordaba que “disputábamos un Alameda-San Roque y un emisario del Real Madrid se acercó a mi padre - que jugó como delantero en equipos de Segunda B- y le dijo que querían hacerme unas pruebas. Mi padre llegó de dar clases –trabajaba en un autoescuela- y me dijo que tenía que contarme algo. Me había llamado el Real Madrid para disputar el Torneo Social. Luego, llegó una carta para decirme que empezaba la pretemporada con el Alevín B”. Y fue entonces cuando empezó a jugar de delantero, ya que hasta ese momento actuaba de mediocentro.

Pronto comprobó que en las categorías inferiores del Real Madrid no paraban de cambiar jugadores. Cada año llegaban unos diez futbolistas y salían el mismo número. “Yo me mantenía, pero pensaba que también me podía tocar a mí. Por mi cabeza siempre pasaba una pregunta: ¿Y si no llego a nada?" Y algo que le empujó a llegar fue su etapa en el colegio SEK, en Villanueva de la Cañada. Cuando estaba en el Cadete A sus padres recibieron una propuesta de su entrenador Miguel González ‘Míchel’ para que entrara a estudiar interno en dicho colegio: “Para mí era una oportunidad muy buena. Iba a estudiar y madurar. Yo entonces frecuentaba amistades un poco problemáticas. No tenía amigos futbolistas. Si hubiera seguido allí, no estaría donde estoy ahora”, dijo para el Norte de Castilla. Cuatro años como interno forjaron su carácter y le ayudaron a madurar.

Con Cabrera y Lucas Vázquez
De Tomás llegó al Real Madrid Castilla en el verano de 2012, pero no fue un curso fácil. Primero una lesión en el hombro lastró su campaña y no fue hasta la siguiente cuando empezó a demostrar sus dotes goleadoras que había ofrecido durante tantos años en la casa.

A sus 19 años ya fue el segundo anotador del equipo en Segunda A, con siete goles, por detrás de Lucas Vázquez, al que considera un buen amigo. Ambos fueron importantes en el once titular junto a Leandro Cabrera y Burgui. Pero una inocente expulsión en Lugo, en la jornada 29, le costó cara, ya que su sustituto, Willian José, aprovechó su oportunidad con un ‘hat-trick’ y todo se le torció un poco.
Ese curso perdieron la categoría, por lo que la temporada 2014-15 tuvo que jugar en Segunda B, aunque debutó con el primer equipo blanco. En diciembre de 2014, muy cerca del RCDE Stadium, Carlo Ancelotti le dio una oportunidad en la Copa ante el Cornellà sustituyendo a Karim Benzema. Ese curso pensó en salir cedido, aunque hubo una circunstancia que lo cambió todo. Llegó Zinedine Zidane, su ídolo, al banquillo del Castilla y reconsideró su postura. “Pensé que sería un gran año y más con Zidane. Hablaba muchas veces con él y me dio una confianza extrema que no le supe devolver. Las cosas no me salieron”, se sinceraba. En alguna ocasión ha reconocido que decepcionó a Zizou, ya que ese año no estuvo inspirado. Y no olvida el día que se despidió del técnico. “Eres un grandísimo jugador. Céntrate y verás como sale bien”, le dijo el francés en su adiós.

En Córdoba vio otro fútbol
Tras más de media vida en el club, llegó el día de seguir creciendo fuera de él. Pese a que la decisión no era fácil, sentía que debía salir de ahí. De demostrar su instinto goleador, su golpeo privilegiado, su técnica y su condición física fuera de su hábitat natural. Hasta ese momento había roto registros, quemado etapas a una gran velocidad y todos decían que tenía todos los requisitos para jugar en el primer equipo. Solo le faltaba la experiencia para alcanzar la élite. Era un diamante en bruto que debía acabar de pulirse.

Su cesión al Córdoba, en Segunda A en el curso 2015-16, no fue exitosa, aunque le sirvió para conocer otra realidad. “Allí supe lo que era el fútbol profesional de verdad. En el Castilla no había presión: simplemente era un escaparate para salir o alcanzar el primer equipo. En Córdoba exigían ascender. Viví situaciones diferentes y me vino muy bien para afrontar nuevos retos. Un día salí pitado del estadio. Llegué a casa. Me metí en la habitación sin cenar. Me puse a llorar a solas. No quería hablar con nadie. No creía que el mundo pudiera ser así”, reconoció en Panenka. Vio la realidad del fútbol profesional.
Por eso, en una entrevista a El País añadió que “en Córdoba hubo un reseteo mental con la ayuda de mi entrenador. Él me escucha mucho, me entiende, sabe cuándo estoy bien y cuándo estoy mal. Sabía que tenía que cambiar muchos aspectos de mi vida”. Y los cambios llegaron con la ayuda de Pablo Arias, su entrenador personal al que conoció en el Real Madrid, y al que propuso que se fuera a Córdoba. Tras ese día que lloró al ser pitado, decidió corregir cosas y pensó en su alimentación, horas de descanso… en todo lo que se pudiese perfeccionar. Arias le llevó la alimentación, los entrenamientos por la tarde, ya que entre las aficiones de Raúl destaca el gimnasio, y también le hizo un poco de psicólogo motivándole. El delantero reconoció que “sin darme cuenta, ese día me iba a cambiar mi vida”.

Nunca dudó de él
Su primer año en Segunda no resultó llamativo. Disputó 24 partidos y firmó seis goles. Las previsiones ya no eran tan esperanzadoras para muchos del Madrid. Decían que corría el riesgo de estancarse, aunque él nunca dudó de sus posibilidades. “Sabía que si ponía de mi parte iba a llegar al fútbol de elite. Confío mucho en mí mismo, en mis posibilidades y sé lo que puedo dar. No sé dónde está mi techo y tampoco sé si avanzaré o me quedaré, pero por mí no va a ser el hecho de intentarlo”, argumentaba el punta un año y medio atrás. “Tienes que vivir por y para esto todos los días de tu carrera. El talento lo tienen en torno al 70-80% de los jugadores. La suma de trabajo y talento más tener la cabeza saneada es igual a éxito. Pero no todo el mundo puede controlarlo. Probablemente hay un 10 % de jugadores que tengan esas tres cosas bien y el resto tiene que ir haciendo arreglos en su vida”, ahondaba.

Esta cesión fue la primera de las cuatro que realizó. La del Valladolid y la primera del Rayo no se concretaron hasta el último día del mercado de fichajes. En Pucela fue el máximo goleador del equipo con 14 tantos, mientras que en Vallecas anotó 24 el año del ascenso, y 14 en su estreno en Primera división, tras renovar con el Madrid hasta 2023. Ese verano, Lopetegui le pidió que se quedara en el Real Madrid, pero él quería jugar: “Quedarme allí podría haber sido un año perdido”. Y en Vallecas, donde formó una gran sociedad con Adrián Embarba, empezó a consolidar su nombre en Primera. “Para llegar a lo bueno hay que pasar por lo malo”, ha manifestado en varias ocasiones.

Durante toda esta historia, se ha mantenido el Raúl de siempre, un chico con imagen de tipo duro que esconde un hombre humilde, algo desconfiado y arraigado a su gente. Ahora, a sus 25 años, tiene la oportunidad de agrandar su relato en un Espanyol que le ha recibido con los brazos abiertos.

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