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OPINIÓN MOISÉS HURTADO

Dulce derrota

Siempre te esperas que en las victorias esté todo el mundo de tu parte y alegre, sin embargo -debe ser el ADN perico- el recibimiento que tuvimos al llegar a Montjuïc supera cualquier triunfo habido

Moisés Hurtado Moisés Hurtado
30/07/2019

 

Era el segundo año consecutivo que visitábamos Europa y algo de experiencia se acumula. ¿Lo principal aprendido? Que nadie se comía a nadie ahí fuera. El éxito de la Copa -que nos clasifica para Europa directamente- nos refuerza la moral de que somos un equipo competitivo cuando remamos todos juntos; sin embargo, el gol de Coro y la salvación en el último minuto nos deja claro que cuando no vamos en la misma dirección somos vulnerables.

Año de cambio, de nuevas incorporaciones, nuevas ilusiones y retos. ¿Lo primordial para Ernesto? Yo creo que era que el equipo tuviera una mentalidad clara de ser protagonista y una personalidad propia. En mi opinión, todo grupo de trabajo ha de estar equilibrado. Tener roles claros, jerarquías consensuadas, tener hambre de ganar, trabajar a gusto sin venirse arriba en las victorias, ni dramatizar las derrotas. Después de la eliminación copera ante el Rayo -entonces en Segunda B-, esto último nos vino muy bien.

Y es que éramos un grupo muy equilibrado y siempre me gusta recalcarlo: gente muy joven con calidad, ilusión y con hambre; gente veterana, con experiencia y con una máxima muy importante en esto: si no puedes sumar al menos no restar, y este grupo de veteranos con los Ito, Velasco, Rufete, Lacruz o Moha eran de los que sumaban dentro y fuera. Además, era primordial tener ese punto de calidad que te haga dar el salto y de eso íbamos bien servidos: Raúl, Iván, Luis, Riera y el gran descubrimiento de Jônatas. Y, caso aparte, la raza y competitividad tan necesaria de un gran ‘Rifle’ y de Pablo. Si a todo esto le sumamos dos porterazos en plena competencia como Kameni y Gorka, la fórmula era redonda. No nos poníamos ninguna presión, simplemente queríamos que la gente disfrutara. El equipo jugaba de manera atractiva y lo más importante: intentábamos dar lo máximo siempre.

La realidad fue cruel con nosotros en la final. Nos dio una vida extra cuando estábamos grogui para acabarnos de rematar. Sin embargo, aquella derrota habrá sido la derrota más dulce de todas. Siempre te esperas que en las victorias esté todo el mundo de tu parte y alegre, sin embargo -debe ser el ADN perico- el recibimiento que tuvimos al llegar a Montjuïc supera cualquier triunfo habido. Ver a aquella gente que estaría igual o más rota que uno mismo animándote es algo tan grande que a uno, a día de hoy, aún le pone la piel de gallina y le hace entender que aquella derrota, paradójicamente, fue una gran victoria. Ahora 12 años después volvemos a dejarnos ver por ese escenario que ya nos debe dos. No sabemos cuándo pero algún día nos dará lo que merecemos.

El equipo nos va a dar mucho. Es un grupo con ilusión, con veteranos curtidos en mil batallas que van a ayudar - Rufete lo sabe-, con jugadores de calidad contrastada y hambrientos, con nuevos jugadores de raza, y con jóvenes sobradamente preparados. La fórmula se repite. Una gran mezcla que vuelve a necesitar que estemos a su lado en todo momento, como en aquel recibimiento de Montjuïc. La ocasión lo merece, la plantilla también, y esta afición más que nadie.

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