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ENTREVISTA A NALDO

“De niño ayudaba en casa, no teníamos plata”

Su infancia no fue fácil y se lo ha tenido que currar mucho para llegar hasta aquí, por lo que no quiere escuchar nada de bajar los brazos en esta recta final del campeonato

Jordi Luengo Jordi Luengo
24/03/2019

 

Ha vuelto con fuerza después de sufrir una nueva lesión y está ilusionado por tener, en este tramo final de curso, la continuidad que le ha faltado desde que llegó al Espanyol en el verano de 2017. Naldo (Brasil, 25/08/1988) no tuvo una vida fácil de pequeño, pero, pese a las dificultades que tenía al vivir en una familia humilde, siempre peleó por un sueño. Por eso no entiende de bajar los brazos. En el Espanyol se siente feliz y aquí quiere seguir viviendo ese sueño de niño.

¿Cómo te has encontrado al volver tras tu lesión?
Muy bien. Estoy muy satisfecho del trabajo que realicé ante Athletic y Sevilla. Siempre entreno con la máxima seriedad para aprovechar las oportunidades. Pienso que he agradado en estos dos partidos y el rendimiento que ofrecí fue positivo para el equipo, aunque fue una lástima que no pudiéramos ganar ninguno de los dos encuentros.

Las lesiones no te están respetando este año.
La temporada no está siendo fácil. Ante el Cádiz tuve una en los isquios y después me volví a lesionar en el campo del Eibar; y así es difícil tener continuidad. Los problemas físicos me han cortado el ritmo en dos ocasiones, pero he podido volver y ofrecer un buen rendimiento.

¿Habías vivido algo así antes?
No, ni en el aspecto individual ni en el colectivo. Es la primera vez que tengo tantas lesiones. No es muy normal lo que nos está pasando este año a los centrales. Es increíble la cantidad de lesiones que estamos teniendo. Con tantos problemas tuvo que debutar Lluís, que ofreció un buen nivel. Las lesiones han propiciado que todos tengamos nuestras oportunidades.

Desde tu llegada te ha faltado continuidad. ¿Confías en lograrlo en estas 10 últimas jornadas?
Sí. Tengo la oportunidad de jugar y ser importante en el equipo. En los entrenamientos y partidos he de demostrar que merezco seguir en el once. Debo hacer mi trabajo como siempre y después será el míster el que decida quién ha de jugar, ya que Óscar (Duarte) está cerca de poder reaparecer.

¿Qué esperas en este final de campeonato?
Ofrecer un buen nivel que me permita tener continuidad, y en el aspecto colectivo ganar el mayor número de partidos para acabar lo más arriba posible en la tabla.

Llegaste el año pasado al Espanyol, pero tus primeros meses no fueron sencillos. ¿Te costó adaptarte más de lo previsto?
Más que adaptarme, me costó un poco cambiar el chip, ya que venía de Rusia y allí se practica un fútbol muy diferente. Aunque ya había jugado en el Getafe, al principio no fue fácil. Necesité un poco más de tiempo del que pensaba. Creía que tendría más minutos para demostrar mi fútbol, pero la lesión que tuve tampoco me ayudó, aunque siempre pensé en positivo para intentar darle la vuelta a mi situación.

¿Cómo se adapta un brasileño a las bajas temperaturas de Rusia?
(Risas) Cuesta mucho. Hacía mucho frío. Recuerdo que jugamos un partido en Krasnodar a 21 grados bajo cero. Ganamos, pero fue muy difícil. Tenía los pies y las manos heladas… tenías que intentar calentarte como podía. Aquel día llevaba de todo, guantes… Aquí el clima es mucho más parecido al de Brasil.

Eso es pasado y el futuro se llama derbi, seguramente, el partido en el que ofreciste tu mejor versión con el Espanyol.
Es cierto que cuando he jugado contra ellos me he encontrado muy bien y creo que he rendido a un gran nivel. Estos partidos siempre son difíciles, pero estamos aprovechando esta semana de parón para preparar bien el derbi. Es un partido muy importante para nosotros en el que tenemos mucho a ganar. Lograr un buen resultado en el Camp Nou nos reforzaría para encarar la recta final del campeonato.

¿Rinde más Nando ante rivales que aprietan más?
Parece ser que sí. Intento darlo siempre todo en el campo, independientemente del rival, pero es cierto que en estos partidos me han salido bien las cosas.

Totalmente adaptado a Barcelona, ¿encuentras muchas diferencias con tu Sao Paulo natal?
Sí. Allí es una vida más agitada; hay mucho movimiento, mientras que aquí estamos muy a gusto. Barcelona es una ciudad increíble.

¿Cómo era tu vida en Brasil?
Me crié en un barrio humilde y bastante pobre que estaba en la zona de las favelas. De mi infancia, sobre todo, recuerdo que siempre quería ir a jugar con mis amigos a la calle. Quería tener un balón a todas horas. Montábamos partidos en cualquier sitio. Allí es donde empecé a jugar al fútbol y, tras hacerlo en varios clubs en categorías inferiores, conseguí hacerlo en grandes equipos de Brasil como Gremio o Cruceiro.

Muchos niños brasileños les toca ayudar en casa con algún trabajo. ¿Este fue también tu caso?
Sí, sí, muchas veces. En casa no teníamos plata y ayudábamos con algún trabajo para ganar dinero. Recuerdo que vendíamos unas latas y algunos productos más porque teníamos dificultades. Lo ofrecíamos en las calles. No fueron años fáciles. Mis padres, que fueron una parte muy importante en mi infancia, me animaron para que estuviera centrado en el fútbol e insistieron en que me alejara de las drogas. Les tengo que dar muchas gracias por todo lo que hicieron cuando era pequeño. Es por ellos que ahora puedo estar aquí disfrutando del fútbol.

¿Se valoran más los logros cuando cuestan tanto conseguirlos?
Sí, claro. Muchísimo más. Sé donde he vivido, lo que he pasado y espero que mis hijos, amigos… lo tengan más fácil. Para un jugador es complicado tener tantas dificultades como yo tuve, pero al final gracias a Dios y al trabajo diario que he realizado durante todos estos años estoy en un gran equipo como es el Espanyol, un club en el que estoy muy feliz y adaptado.

¿Cuál es el momento clave en tu carrera?
Cuando di el salto de Segunda a Primera, ya que por primera vez estaba en la élite enfrentándome a jugadores que veía en la PlayStation. A los 18 años aún estaba en la Cuarta División brasileña. Y después fue muy importante el salto a Europa; allí empecé a vivir el sueño que tenía desde pequeño.

¿En quién se fijaba Naldo?
En muchos jugadores. Romario, Zico, Mauro Silva, Taffarel... Y cómo no, Pelé. Me acuerdo del Mundial del 94 que ganamos en Estados Unidos. Solo tenía seis años, pero lo viví con tanta emoción que creo que fue ahí cuando decidí que quería ser futbolista. Empecé a soñar con vivir todo eso que estaba viendo.

¿Porqué salen tan buenos jugadores, y tantos, de Brasil?
Todos los niños juegan al fútbol de pequeños y tienen el sueño de jugar en grandes equipos como Flamengo, Corinthians, Gremio… Salir de las favelas, poder llegar a un gran equipo de Brasil, ir a la selección, dar el salto a Europa... Estos son sueños que pueden hacerse realidad. Y así ha sido en mi caso. Viví en un barrio humilde y recuerdo como si fuera ayer que estaba jugando en la calle con otros niños.

¿Qué es más importante en Brasil, el fútbol o los carnavales?
Los carnavales son muy importantes, pero los brasileños vivimos el fútbol al máximo, respiramos fútbol… Lo vivimos mucho, somos muy aficionados a un equipo. Es una pasión muy grande.

¿Qué te ha dado el fútbol?
Todo. Lo que soy y tengo se lo debo a él. Me lo ha dado todo para mí y para mi familia, ya que sus condiciones de vida han mejorado. Todo esto se lo tengo que agradecer al fútbol. El hecho de jugar en Europa nos ha dado la posibilidad de cambiar nuestras vidas.

Tú dejaste tu país en 2013 para dar el salto a Europa, ¿echas de menos Brasil?
Siempre se echa de menos un poco tus orígenes, pero cada año vuelvo algunos días en vacaciones. Voy a ver a la familia, amigos y cargar pilas. También aprovecho para comer la típica comida brasileña.

¿Y a Leo Baptistao?
(Risas). Él me ayudó mucho cuando llegué. Me facilitó la integración y me explicó muchas cosas. Le estoy muy agradecido y siempre se lo he dicho. Le deseo que todo le vaya muy bien en el futuro.

No está Baptistao, pero sí Hernán, otro de tus grandes amigos.
Sí, incluso somos socios de un negocio con nuestras mujeres. Con él, Óscar y Rosales tenemos un grupo con más relación, pero nos llevamos bien con todo el vestuario, que es muy sano. Todos somos amigos y esto se nota.

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