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OPINIÓN

Carta abierta a Gaitán y Carrasco

Este escrito tiene tres meses, y ha tenido que ser modificado por las circunstancias

Imanol Echegaray
26/02/2018

 

Empiezo este escrito reconociendo una cosa: lleva casi tres meses cogiendo polvo en mi portátil. Escribí una carta abierta a Nico Gaitán, allá por diciembre, esperando que en enero se oficializase su marcha del Atleti para publicarla. Se ha hecho esperar, aunque se ha acabado yendo. Lo que no me imaginaba por entonces es que sería al fútbol chino, y mucho menos que fuese de la mano de Yannick Carrasco. Y esto empezaba tal que así:

“Nicolás, te hablo a ti. Tu fichaje por el Atlético de Madrid me entusiasmó, debo reconocerlo. Por lo que conocía de tu juego, lo que te vi en el Benfica y lo que te sufrí cuando viniste a usurpar el Vicente Calderón, pensé que tu firma para ser rojiblanco sería un paso adelante para las dos partes. Para ti y para el club. Pedido expresamente por Diego Pablo Simeone, con el beneplácito de su cuerpo técnico. Con tu zurda exquisita y tu gran visión de juego. Creí que eras lo que necesitaba el club. Me equivoqué. Él también.

Ha pasado año y medio, lo que me permite ser contundente en esto. Tu entrenador, argentino como tú, dijo algo muy sencillo: “entre un jugador con sólo calidad y un jugador con compromiso, siempre jugará el que tenga compromiso; lo ideal es encontrar jugadores con calidad, pero que también tengan ese compromiso que pedimos”. No es difícil averiguar por dónde voy. Que tu fútbol rebosa calidad es evidente. Al menos lo era antes de que llegases al Calderón. Que no la has mostrado, o lo has hecho a cuenta gotas, también. Seamos claros. Y, pese a eso, el Cholo te ha dado más oportunidades de las que, quizás, mereciste”.

Unas palabras de una persona que se sentía decepcionada. Porque sí, reconozco que la llegada del argentino me emocionó. Me parecía un pelotero descomunal, un futbolista con una clase acojonante y, quizás, aquello que siempre había necesitado el Atleti. Lo que no podía llegar a imaginar era que esa misma carta, cambiando el nombre de Nico Gaitán por el de Yannick Carrasco, iba a adquirir el mismo significado. Porque si lo de Nico fue una decepción que cayó a plomo por lo que pudo ser y no fue, lo del belga tiene aún un delito mayor. Lo que me lleva a la segunda parte de la carta que escribí:

“Pero Nico, lo que ningún hincha del Atlético de Madrid puede perdonar es la desidia, la desgana, el desdén. Esa gente aquí ha tenido que aguantar a auténticos tuerce botas, a futbolistas desligados al club, pero jugadores que dentro del terreno de juego se dejaban lo mucho o poco que tenían. Es lo indispensable cuando te pones la rojiblanca. Lo mínimo. Lo que les debes. Y tú, querido Gaitán, no lo has hecho”. 

Porque dentro de estas palabras se encuentra el fracaso de un Carrasco que, concentrado en el fútbol y en lo que a su alrededor se generaba, podría haber llegado a ser un futbolista descomunal. De los que marcan época y por los que se pagan auténticas salvajadas. Al belga se le dio la medalla de crack del equipo y, en vez de seguir trabajando para mejorar cada día, se empezó a recrear mirándose al espejo con ella puesta. Y esa, amigo, en el Atleti un día te la dan y otro te la quitan. Porque no vale con ser crack, también hay que demostrarlo. Y poner el ego al servicio del grupo. Ahí está de ejemplo un tal Diego Costa. O el propio Ángel Correa. Al argentino le saldrán mejor o peor las cosas, pero nadie podrá dudar nunca de su entrega, su dedicación y su sacrificio para con la camiseta del Atlético de Madrid. Una gran parte del Carrasco rojiblanco, moría en la sustitución en Bakú. ¿Se acuerdan?

Por eso ando triste por estas marchas. Pero pueden estar tranquilos, porque esto al primer partido se me pasará. En 2016 Carrasco marcaba en Milán, y comenzaba la fase de grupos de la siguiente Champions comiéndose a todo un Bayern Múnich. Año y medio después, y con 25 años, se va a jugar a China. No hay que ser un lince para saber que aquí hay gato encerrado. Pero este año es el año del perro, no del gato. Así que, que os vaya bonito en China, y gracias por nada.

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