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la polémica marcó su última temporada en el club blanquiazul

ortiz aquino, calidad y solidez a partes iguales

T. CASALS BARCELONA
12/06/2017

 

El central paraguayo llegó al Espanyol en la apertura de jugadores extranjeros que se produjo en la temporada 1973-74, después de veinte años sin permitir contar con foráneos en la competición española. Se abrió el mercado para dos por equipo y solo para la Liga. El Espanyol aprovechó la apertura para fichar al delantero Roberto Cino y al central Ortiz Aquino, ambos paraguayos. El entonces presidente Manuel Meler mantenía estrechos contactos con el fútbol sudamericano y tuvo conocimiento de estos dos jugadores que despuntaban en el fútbol guaraní. Los dos llegaron de Cerro Porteño, equipo de Asunción que dominaba en los 70 el fútbol paraguayo.

El fichaje del internacional Luis Cesar Ortiz Aquino, contado por el propio jugador fue de ‘aquí te pillo, aquí te mato’. “Vino a verme Manuel Meler en una concentración. ‘¿Se vendría usted conmigo a Barcelona?’, me propuso; ahora mismo le respondí”, relataba el defensa.

Aterrizó en España a inicios del mes de octubre a pocas horas del cierre del plazo de inscripción federativa. “Soy fuerte, no violento y defiendo con lo que sea. Soy un ‘defensa-policía’ siempre pegado al delantero rival”, dijo en su presentación, portando unas patillas de hacha, típicas de la época.

Ortiz Aquino exhibía una técnica excelente, pero intimidaba. Se hacía respetar sobre el campo y de ello pudo dar fe Johan Cruyff, cuando en marzo de 1975 le midió las piernas al holandés azulgrana con una entrada que le costó la roja y que la prensa calificó de “terrorífica”. Pero el paraguayo siempre se encargaba de recordar que “me escogieron en varias ocasiones como el mejor defensa de la Liga”.

No le faltaba razón. Destacaba por ser infranqueable por alto y contaba con una gran calidad en los pies. Salía de la cueva con el balón controlado, regateando a quien le surgiese al paso para sumarse al ataque.

No tardó en demostrar sus condiciones en el equipo que dirigía José Emilio Santamaría. En su segundo partido con el Espanyol, ejerció ya como ‘cacique’ de área y las crónicas le destacaron unánimemente, pero, con todo, a Ortiz Aquino le tocó esperar. Los titulares eran De Felipe y Glaría en el eje de la zaga y tras recuperarse el primero de una lesión, el paraguayo volvió a banco.

Una situación, sin embargo, que cambió al final del campeonato, que con la expulsión de De Felipe, Ortiz se afianzó como titular, después de un partidazo en Sarrià contra el Real Madrid (1-0). La siguiente campaña (74-75) resultó la de su consagración. Solvente en defensa, ejercía como líbero de primer nivel. Subía el balón y cuando tenía ocasión no dudaba en cargar su pierna para lanzar un potente disparo.

El Espanyol se preparaba en la 75-76 para celebrar su 75 aniversario y el equipo se vistió de gala con los Caszely, Jeremias, Fdez Amado, Verdugo, Osorio, Solsona y el propio Ortiz Aquino. Se logró el billete para disputar la Copa de la UEFA, al clasificarse cuarto, tras Real Madrid, Barcelona y At. Madrid. Un equipo que entusiasmaba por su intensidad, ilusión y entrega. En la competición europea, el Feyenoord fue el verdugo en octavos, después de eliminar al Niza y al Eintracht Braunschweig con un Ortiz Aquino que se mostró infalible desde le punto de penalty.

El de Asunción había conseguido la nacionalidad española, pero la última temporada estuvo marcada por la polémica. Vio un expediente disciplinario que el propio Espanyol elevó a la RFEF, que le acabó suspendiendo por un año. Marchó al Ecuador para jugar en el Deportivo Cuenca y en la Portuguesa de Venezuela para terminar la trayectoria como jugador en ‘su’ Cerro Porteño.

Ortiz Aquino volvió a Barcelona en el 2004 para relanzar su carrera como entrenador. Habían pasado 25 años, pero su paso por el club perico, donde fue un ídolo, se mantenía inalterable en su memoria. “Me acuerdo del Espanyol y de la ciudad como si fuera ayer”, expresaba. 2

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