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OPINIÓN

Tormenta en el jardín prohibido

Oriol Vidal Oriol Vidal
15/01/2018

 

Lo siento mucho, la vida es así, no la he inventado yo.” Qué bien cantaba Sandro Giaccobe, y qué elegante y apuesto que era. Casi tanto como morro le echaba al asunto. Su ‘Jardín prohibido’ se convirtió en el himno de los infieles que ya tenían gastado el recurso universal del “cariño, no es lo que parece”. Y la melodía presidió ayer el Espanyol-Athletic, tras los escarceos de Quique con el Stoke City, esa vecinita sexy. “Son cosas del fútbol, no puedo controlarlo todo, yo estaba en el cine.” Pónganle melodía de baladón italiano, va. Ay, la lírica del quiquenaccio.

Ha sido un ‘affaire’ aireado a los cuatro vientos por el propio entorno mediático del técnico, pero nada, nada importante: “una tormenta” veraniega. Aquí, unos silbidos, un empate típico y todo sigue igual. “Lo importante es que el entrenador quiere estar aquí”, dijo Quique, que viene a ser, en la canción de Giaccobe, eso de “pues mi alma volaba a tu lado y mis ojos decían cansados que eras tú, que eras tú, que siempre serás tú…” Bien, en el caso de QSF y el Espanyol, pongan hasta finales de mayo. Hay un acuerdo tácito para soportarse juntos cordialmente, como el que hacen algunas parejas hasta que los niños sean mayores de edad. Pragmatismo puro, como Quique doblando laterales ayer ante Williams. Se juega como se piensa.

Pese a semejante renglón torcido, su Espanyol ya responde a la caligrafía del curso pasado. Si el año anterior fue Jurado quien empezó a destacar frente a los vascos, ayer tuvo Darder unos minutos sublimes, cuando el equipo se puso por fin a gravitar alrededor de él, con tocones como Granero y Jurado y, sobre todo, a la que los laterales obtuvieron permiso para doblar y ser profundos. En tan natural forma pero descocada en nuestras latitudes vino el gol más Tamudo que ha marcado Gerard hasta la fecha. El heredero la peleó, la robó, la recortó y la incrustó en las mallas de Herrerín, en un plisplás: el genio del delantero total. Y el Athletic sólo pudo empatar a golpe de indulgencia arbitral (fue la tarde en que Raúl García se ganó cuatro amarillas, vio una) frente a un Espanyol lastrado por las bajas de David, Piatti y Sergio García.

El único revulsivo disponible, Melendo, disfrutó del despiporre de cuatro minutazos para mirar de arreglar lo que había sido una última media hora de lucha agreste a la vizcaína. Y conectó con Gerard, ese jugador de lujo desaprovechado y espiado ayer por Pochettino, y a Darder le sobró fuerza sobre la bocina para poder culminar una gran semana. Con dos triunfos fuera, un desliz cargado de autobombo por parte del técnico y el regalazo de dos derbis coperos que se presentan tan excitantes como utópicos, quizá como los matrimonios que se inician con una expectativa altísima y que las decepciones diarias acaban saboteando. Eso sí: por qué no otra noche loca juntos.

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