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OPINIÓN DE ORIOL VIDAL

Un semicrítico en Riazor

No hay sintonía ni tensión suficiente y la imagen del equipo languidece cada día con unas constantes vitales como para echarse a llorar

Oriol Vidal Oriol Vidal
19/02/2018

 

Pues ya es oficial. El Espanyol eligirá en La Coruña entre la supervivencia gris o el estado crítico. Por más ventaja que lleve en la clasificación al atrofiado furgón de cola, esto no pinta nada bien. Lo del ‘quiquenaccio’, derbis al margen, ya no da para más. No hay sintonía ni tensión suficiente y la imagen del equipo languidece cada día con unas constantes vitales como para echarse a llorar. Ayer asistimos a la extensión de Balaídos y con el fútbol, por segunda vez seguida, siendo muy generoso con el RCDE. No hay manera. No es la manera. Y ojito con meterse en el callejón.

Suerte de Granero. La puso con muselina. Un golpeo espumoso, delicado y sutil batió a Asenjo en el 85: un tiro casi clavado pero aún más bello que el de Salva Sevilla hace dos años y medio; justo el último gol de falta conseguido por el Espanyol. Antes todo había sido de pena, con un juego desconchado y de firme candidato al descenso: un juguete para los suplentes del Villarreal. Pero sucedió la delicatessen de Granero y el rush final de enloquecimiento pudo hasta ser total: el madrileño volvió a colocar en el balcón del área sobre la bocina, peinó Gerard y el Espanyol gozó de una triple ocasión infartante de Leo (travesaño), Sergio (Asenjo) y el 7 otra vez (a la red, pero por la parte exterior). Qué bonito y a la vez qué injusto hubiera sido, después de tanto despropósito.

Cuesta ya darle más vueltas al asunto, pero son de aúpa los riesgos que vive el club para evitarse dispendios extras con cuantiosos finiquitos. Ahora mismo, solo el paupérrimo estado de Málaga, Las Palmas y Depor permite ser optimistas. Pero recuerden: siempre ocurre que alguno de los involucrados resucita y acaba pringando el tonto o el despistado, y al Espanyol se le está poniendo cara de ambos, con el permiso del Levante. Cuesta resucitar cuando has bajado la guardia, a no ser que te saques de la manga un Pesic (por citar el ejemplo más reciente) que despierte la vergüenza torera entre la tropa. Hoy en día no es el caso, como quedó más que claro durante 80 minutos, y contra un rival cansado y cargado de rotaciones. Suerte que, entre tanto pedregal, llegó La Roca Sánchez, casi la única noticia positiva de otra tarde para la desmovilización perica. Desde hace dos años con Galca que el Espanyol no pasaba seis jornadas sin ganar. Explíquenselo a Mr. Chen.

Y, ya de paso, le cuentan que las gradas del estadio no pueden permitirse reductos de intolerantes capaces de amedrentar y agredir a quien no lleve sus banderas. Porque si no, entre el juego, el miedo y el asco sucederá como ayer, que no se llega a los 20.000 ni con la fiesta del Año Chino ni con un tiempo primaveral. Hoy el Espanyol tendría que ser noticia por el formidable “Força Penya!” que colgaba sobre la Canito y no por las acciones de indeseables. A ver si entre todos hacemos pedagogía, en vez de mirar hacia otro lado. Ya lo ven: de supervivencia va la cosa, tan aburridos que estábamos.

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