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OPINIÓN ORIOL VIDAL

Resucitan el estímulo

Intención, sensaciones y resultado. Todo lo aunó el Espanyol en el triunfo más convincente, hazañas de matagigantes al margen.

Oriol Vidal Oriol Vidal
13/03/2018

 

Intención, sensaciones y resultado. Todo lo aunó el Espanyol en el triunfo más convincente, hazañas de matagigantes al margen. Quique mostró predisposición táctica virando al 4-3-3, anunció la disputa de la posesión a la Real ya en la previa y desde el pitido inicial acudimos a un Espanyol protagonista e intenso, ávido en la presión y profundo en bloque. No hubo ausentes al pasar lista: 'La Roca' y Granero ofrecieron su mejor versión para coser con Gerard el ataque y todo fluyó, desde el mejor Aarón de la temporada (cómo nota a Piatti) hasta a un Víctor Sánchez demoledor cuando tocó resistir. Así, sí.

Tan solido fue el Espanyol que ni se descompuso con el error desgraciado de Duarte que puso en bandeja el gol a Willian José. El equipo regresó a toque de corneta de vestuarios y se zampó cualquier duda... y a la Real. Baptistao mojó por segunda jornada consecutiva, pese a que ayer lo hizo cuando todo el estadio echaba renuncios por su culpa: otro gol cantado al limbo. Por suerte, no desaprovechó la segunda oportunidad que le concedió un Granero divino, con un pase elevado entre líneas de videojuego (L1+triángulo, pruébenlo en sus casas) que voleó a la red. Un golazo, por cierto, mucho más difícil que el que marró. A ver si este hombre va a ser la encarnación auténtica del Espanyol, al final.

Todo tuvo aroma a matinal de buen rollo reparador, hasta al punto que se salió del estadio con el impulso de sacar el calendario y la calculadora y echar cuentas. Así pareció hacerlo el vestuario, sintonizado al fin en un mensaje ambicioso. Quique habló de soñar una vez resucitado el perfil bueno de todos; Granero dijo aquello tan camachiano de ir "partido a partido", pero para ganarlos todos. Y Gerard, siempre Gerard, uno de los motivos para intuir que todo es posible, recordó que la estadística avala ya un buen final de curso: son siete jornadas sin perder... y con la posibilidad de pelotazo en el Villamarín, quizá el campo más talismán para el Espanyol junto a la Rosaleda. Toca ponerle emoción a la cosa.

Los sentimientos afloraron, y no tanto por la presunta polémica sobre la titularidad de Pau (agua de borrajas y, además, estuvo perfecto), sino por el pedazo de tributo que dispensó el club y todo el mundo perico a Davide Astori. El capitán de la Fiore fue homenajeado con honores por la grada que tanto llora aún a Jarque. Un gesto perfecto de hermanamiento y de solidaridad que humedeció las mejillas de un coloso como Carlos Sánchez. Fuerza y corazón: no se me ocurre mejor mezcla para luchar hasta al final este curso de sinsabores. Ayer resucitó el estímulo.

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