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OPINIÓN

Respirar en blanco y azul

Agustín Rodríguez Agustín Rodríguez
28/10/2017

 

Una vez escuche en una conferencia a un líder de una multinacional que decía que en la vida no hay que dar tantas explicaciones sobre lo que hacemos porque tus amigos no las necesitan, tus enemigos no las creen y los estúpidos no las entienden. Y ustedes se preguntarán a que viene esta reflexión?
Muy fácil: hace pocos días viví una curiosa anécdota que a muchos “pericos” les será familiar. En la grada de un campo de fútbol presenciaba una partido de dos equipos alevines. Uno de los jugadores del equipo contrario hizo un partidazo porque no solamente marcó sino que ofreció a sus compañeros la posibilidad de lucirse en virtud de sus buenos pases y de su concepción del juego, más propio de un jugador con experiencia que de un jovencito que lo único que quieren es marcar e imitar a sus ídolos de la Play Station.
Cuando entre los padres se comentaba su buena actuación hubo el gracioso de turno que dijo: mira que es bueno el chaval y eso que es del Espanyol!!!. Ya me dirán ustedes qué relación tiene una cosa con la otra. Ninguna pensé yo. Pero no solo lo pensé sino que le hice ver que ser del Espanyol no está reñido ni con el buen gusto (eso por supuesto) ni con el buen juego. La conversación derivó amablemente en un intercambio de opiniones sobre lo que de verdad es importante en el fútbol. Hablamos de juego, de estrategias, de modelos y por supuesto de afinidades, no solo deportivas sino sentimentales.
Ahí fue donde mi interlocutor se mostró sorprendido del hecho de que los niños puedan ser del Espanyol cuando la fuerza y la omnipresencia barcelonista hace normal lo que no deja de ser síntoma de una sociedad algo enferma y más pendiente de los triunfadores de escaparate que se frustran cuando tienen una dificultad que no de aquellos que cada día salen a la calle para mejorar y aportar algo diferente.
Antes de responderle me acordé de unas palabras que Maria de Villota explica en su libro de memorias y que le dedicó su padre cuando iba a hacer la primera prueba con Renault para ser piloto de pruebas de Formula 1: María estaba muy nerviosa y no estaba convencida de sus posibilidades. Su padre que era quíén más confiaba en ella le dijo: No hay secretos María, el secreto eres tú.
Ser del Espanyol no tiene secretos, le dije. El secreto es que ese chaval que hoy ha realizado un gran partido es “periquito” sin esperar nada a cambio, sin querer ser más que nadie y sin aspirar a que le regalen nada. Ser del Espanyol es como aquello que explicaba Helen Keller que un día dijo: lo que una vez disfrutamos nunca lo perdemos. Todo lo que amamos profundamente se convierte en parte de nosotros.
Creo que lo entendió. Pero no estoy seguro de haber logrado que comprendiera que la vida no se mide por los las veces que respiras sino por los momentos que te dejan sin aliento.
Y en eso los de sangre azul y blanca les llevamos ventaja.

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