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Opinión MOises Hurtado

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La posible marcha del que se ha convertido en gran referente perico puede dejar un vacío grande difícil de llenar

Moisés Hurtado Moisés Hurtado
12/05/2018

 

Semana dura para toda la pericada. Ayer nos dejó Julio Pardo, único expresidente perico votado por todos los socios, y hace pocos días, el gran Dámaso perico, personaje que me cautivaba cuando de pequeño iba a Sarrià. Completarán la constelación perica ahí arriba, con un gran maestro de ceremonias que solía decir “en Sarrià me teníais como animador de la grada. En esta nueva etapa me tenéis como animador de almas”, y conmigo a buena fe que lo conseguía.

Las malas noticias no acaban ahí. La posible marcha del que se ha convertido en gran referente perico puede dejar un vacío grande difícil de llenar. Ha habido un intento por parte de la grada para evitar su huida apelando al sentimiento. Gerard Moreno nunca lo perderá, sea aquí o fuera de aquí. A veces, creo que relacionamos o confundimos sentimiento con rendimiento, como si estas variables fueran directamente proporcionales. A los que acusan a cualquier jugador de abandonar el club por dinero, solo les diría que imaginaran que ese jugador es su hijo.¿Qué le recomendarían? Por suerte o desgracia, el jugador no sabe qué rendimiento va a tener en el futuro y una mala temporada te lleva de ser héroe a villano en poco tiempo. Los jugadores tienen la posibilidad de amortizar económicamente al máximo los años que jueguen -vas a estar mucho más tiempo sin ser futbolista que siéndolo-, así como nosotros enterramos e idolatramos según nos plazca.

A mí, personalmente, me gusta relacionar el rendimiento con la capacidad que tiene cada jugador, es decir, lo que puede dar de sí. Ahí baso yo el compromiso de cada uno. Gerard va a tener ese sentimiento vaya donde vaya. Es muy querido aquí. Igual que lo es Sergio García, quien, con peor rendimiento, me ha parecido más comprometido este año que en su anterior etapa, y ahora muchos declinarían su renovación. Esto funciona así. Yo he visto marcharse a un jugador con más de 250 partidos, capitán y 17 años en el club, sin que le dieran la posibilidad de despedirse en el campo en un último partido intrascendente, por ejemplo.

Si Gerard decidiera quedarse o se aparcara su venta, algo que todos celebraríamos, tan solo le pediría un par de cosas: que esa idolatría que le confiesa la grada no le haga creer nunca estar por encima del bien y del mal, es decir, por encima del club y de sus gentes. Que entienda que lo más importante para su óptimo rendimiento son sus compañeros y que mantenga los pies en el suelo siempre porque en el fútbol las cosas cambian demasiado rápido.

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