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OPINIÓN MOISÉS HURTADO

El reencuentro

Moisés Hurtado Moisés Hurtado
17/11/2017

 

Se hacen largos los días sin competición y, más aún, viniendo de una derrota tan dolorosa como la de Mendizorroza. Quizás, el invitado al reencuentro con la afición no sea el más adecuado para un final feliz. O quizás sí. El Valencia ha vuelto por sus fueros esta temporada y se ha convertido en, posiblemente, el equipo más en forma de la Liga. No hace faltar rascar demasiado para coincidir en cuál sería una de las claves –probablemente hayan más- sobre este resurgir: la figura de Marcelino, experto en rearmar grupos a la deriva a base del orden, el sacrificio, el compromiso y la exigencia.

Unas características muy parecidas, en métodos y estilo de juego, a nuestro entrenador QSF. Posiblemente, donde intuyo que pueden divergir más sería en la gestión del vestuario y en la exigencia. Marcelino, bien conocido por diversos profesionales de la profesión, es conocida por su máxima exigencia, en exprimir al jugador a nivel mental y física –obsesionado del peso y de la dieta- y suele tener en contra el paso del tiempo en su relación con el jugador. Lo que este año parece una relación de amor con el vestuario Ché –sobre todo en el caso de Parejo y su amor a primera vistal-, me gustaría verlo la temporada próxima también.


QSF, con un estilo de juego muy parecido a base de un sólido sistema defensivo y automatismos ofensivos, creo que es más capaz de gestionar un vestuario en el tiempo, tener un proyecto largo y saber ganarse al jugador con la palabra y el cariño, es decir, a través del convencimiento. Seguramente, Marcelino, no te dé la opción de que le convenzas, sino que serán los resultados obtenidos quienes conseguirán hacerlo por él. Marcelino, con una trayectoria inmaculada, tuvo su talón de Aquiles en Sevilla donde, probablemente y según palabras del propio Monchi “no encajó en la cultura de una ciudad como Sevilla”.

Hablando de gestión, una de los temas preocupantes para los pericos es la renovación de Pau. Drama más complicado de solucionar tiene el Athletic con Kepa. Saldrán los aficionados que apelen al patriotismo de club por parte del jugador –en caso de Kepa, peor-, pero quiero recordar que no se borran los colores del corazón de un jugador por jugar en otro club, que la vida es muy larga y la carrera profesional muy corta. El club tiene una difícil papeleta pero, sinceramente, nos tienen acostumbrados a tantas locuras últimamente que no cometerla con un internacional sub-21 con tanto futuro, me parecería una locura aún mucho mayor.

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