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opinión oriol vidal

La reanimación pide más voltaje

Oriol Vidal Oriol Vidal
18/12/2017

 

Estamos en la mierda”, “Olemos a muerto”. Las frases para la posteridad de Aguirre y Márquez, respectivamente, estaban listas para desenterrarse en el descuento. Pero Sant Pau se rebeló una vez más, salvador in extremis de un fiasco que hubiera sido letal, inenarrable, imposible de digerir. Lo terrorífico quedó en un horror ‘errorífico’: muy doloroso, pero aún no de muerte. No queda otra que sudar sangre ante el Atleti y resucitar esto como sea. Ahora o nunca.

No hay más, y es literal. Porque Chen asiste impasible al estancamiento de su gran juguete a distancia: ya ni los desafíos (por no decir desplantes) dialécticos de Quique parecen llegarle. Y todo esto, sin más baterías ni enchufe a la corriente, se arriesga a griparse hasta convertirse en chatarra plastificada. Juguete que no tira, desguace. Menudo círculo vicioso.

Que un partido para la goleada quede para el psicoanálisis resulta feroz, engullido por el dichoso orden y el control contraproducente. Quique restó amenaza en el segundo tiempo respecto a un tridente que hizo trizas a la UD en la primera parte: es cierto que sus cambios no dieron de sí y que no atinaron a taponar las bandas. Pero su maniobra no me parece a mí de tanta incidencia como la puntilla que perdonó Gerard y que malogró también absurdamente Baptistao, sin confianza en el uno contra uno hasta con un 0-2 a favor. Echado atrás el Espanyol, ahorrador a plazo fijo, los canarios encontraron un impulso impensable para creerse gavilanes y destrozar a un equipo perplejo, víctima de una confianza bajo mínimos... y eso que todo habían sido buenas noticias.

Volvió un Duarte estupendo y acudimos a la mejor versión de Granero. David, enmascarado, blindó el 4-3-2-1 con que QSF hizo buenos propósitos. Una táctica “Árbol de Navidad” para poder pasar unas buenas fiestas. Pero ni los goles cargados de gestos sobrados, como de entreno, apaciguaron la ansiedad del Espanyol. Una angustia subyacente hasta que Viera y Remi la hicieron emerger como un tiburón. El gozo en lo más hondo del pozo. La pesadilla antes de Navidad, atroz. Pero hay que electrificar este cuerpo aturdido, despertarlo de tanta resignación. El RCDE, lector o lectora, eres tú, y no puedes permitírtelo.

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