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OPINIÓN ORIOL VIDAL

Queen sin Freddie y el RCDE, sin Gerard

Podrá sustituir, en el mejor de sus casos, sus goles, pero no ese juego total y esas aperturas a banda, ni mucho menos ese carisma sentimental que le venía infundido por haber crecido amando al escudo hasta ser figura

Oriol Vidal Oriol Vidal
12/06/2018

 

La pela es la pela, la nostalgia vende y así sigue Queen, casi llenando santjordis con un sucedáneo imposible, como se deriva de pretender sustituir a un tigre de bengala como Freddie Mercury con un gatito tenaz como Adam Lambert, un triunfito al que le tocó la lotería. Pienso en ello (sin ir al concierto, por supuesto: los fans talibanes somos así) y advierto otro vacío insondable: el de Gerard Moreno en el Espanyol. Y casi me sale un párrafo capicúa, porque si bien la nostalgia no tendrá precio, la pela es la pela. Incluso a cómodos plazos.

Comprender la cadena de favores entre el Villarreal y el Espanyol se escapa a la mente del común de los mortales. Los groguets se llevaron a Fuego cuando el límite salarial se desparramaba y también pagaron con generosidad por Álvaro cuando el club le buscaba su típico acomodo anunciado a bombo y platillo, en esa autodepreciación tan nuestra. Casi normal que ahora no nos pongamos nada estupendos con los groguets, con la partición de una pseudo-cláusula que tampoco es tal y con unos buscados efectos contables que sólo hacen ver que en el Espanyol se sigue pensando en pequeño, ya sea desde el Maresme o desde la China Popular. Pueden explicarlo como quieran, con manifestaciones de accionistas en Pequín y hasta con croquis dignos del Banco Central Europeo. Aquí lo que ocurre para el perico medio es que Gerard se va, no había más remedio porque la vida es muy dura y que tampoco pasa nada, porque el Espanyol siempre prevalece a los nombres. “Lo compramos por poco más de un millón y lo vendemos por veinte”, dicen los miopes. Y ya qué les vas a replicar. Gerard, nuestro tigre de bengala, de zarpazo feroz contra los rivales y piel mimosa para el aficionado, ya no va a estar. Como si los Queen hubieran jubilado en vida a Farukh Bulsara para pillar al mejor dotado de los karaokes.

El Espanyol ha perdido a su frontman, a su gran atractivo, a su prestigitador mágico, al que hacía cantar a todo el estadio. Lo hará recibiendo un precio mucho menor que el que tiene en el mercado (que sí, que se tiene la mitad y tal, gracias). Podrá sustituir, en el mejor de sus casos, sus goles, pero no ese juego total y esas aperturas a banda, ni mucho menos ese carisma sentimental que le venía infundido por haber crecido amando al escudo hasta ser figura. Y aunque el Espanyol pueda llegar a ser muy feliz con Borja Iglesias o su Adam Lambert de turno, el hueco insustituible y la voz que arrebataba el alma nos seguirán ahogándonos en la añoranza del que quizá ingrese millones, pero en el fondo pierde un tesoro.