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OPINIÓN

Previsibilidad

Roger Requena
17/12/2017

 

Comentó el pasado lunes Quique Sánchez Flores que “los mejores equipos son los que más repiten sus virtudes”. Seguramente no le faltará razón al técnico blanquiazul, aunque detrás de su afirmación hay ciertos matices que, voluntariamente o no, terminó eludiendo. Que su Espanyol es uno de los equipos más previsibles de la Liga es un hecho incuestionable. Empezando por el once titular, que salvo lesiones o sanciones podrían recitar de carrerilla tanto un aficionado perico como uno de cualquier otro equipo. Y siguiendo por un estilo que, aunque sea fiel a la trayectoria del madrileño en los banquillos, apenas presenta variantes jornada tras jornada.

En su defensa, tener un once tipo no debe necesariamente suponer un problema. Nadie puede dudar de la calidad del equipo al que dirige, pero sí de la evolución que ha vivido desde su llegada. Un bloque que el año pasado presumía de una buena defensa y un contragolpe efectivo. Este curso, ni una cosa ni la otra. Especialmente ante rivales de la misma liga que le exigen asumir un mayor protagonismo, el Espanyol 2.0 de Quique da más señales de agotamiento que nunca. Once jugadores superan el 68% de los minutos en Liga, mientras que otros catorce no llegan al 35%.
Esto no necesariamente debe suponer un inconveniente, siempre y cuando haya una cierta evolución en el juego que permita encontrar alternativas cuando el plan A parece estar estancado. Y para argumentar las ausencias de la mayoría silenciosa que lucha para salir del ostracismo, el discurso se repite: no tienen la forma o la confianza de los titulares. Si en verano se presumía de fondo de armario, en invierno se les busca salida ante la falta de participaciones. Recursos no faltan. Desde la profundidad de Navarro, al descaro de Melendo, pasando por el buen pie de Dídac o la anarquía de Hernán. Por citar algunos.

Pongámonos en la piel de un entrenador rival. ¿A qué jugadores clave querrían anular? La respuesta parece evidente: Moreno, Baptistão y Piatti han sido los únicos blanquiazules en ver puerta esta temporada. Es cierto que el curso anterior también fueron los máximos realizadores (29 goles entre los tres), pero también lo es que, junto a ellos, otros nueve jugadores llegaron a marcar 19 tantos. Sin esta aportación de la segunda línea, el Espanyol ha perdido el factor sorpresa.
El problema no parece tanto el hecho de repetir hasta la saciedad un mismo once o idea, sino obcecarse con una propuesta inamovible donde las flaquezas tapan las virtudes. Aún hay tiempo para cerrar las heridas, aunque el tiempo apremia y exige algún cambio. Lo pide la plantilla y un público cada vez más alejado de sus ideas. Aportar algún matiz diferente, aunque sea para gastar todos los cartuchos que tiene en la recámara y demostrar que los menos habituales no tienen el nivel que les pide. Porque aunque el jueves Quique apareciera en la foto de grupo más sonriente que un Chen que, a su lado, y con el permiso de Diop, fue el más serio de la clase, sabe perfectamente que, si la dinámica del equipo no cambia, su futuro también será de lo más previsible.