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OPINIÓN

Unos pocos elegidos

Moisés Hurtado Moisés Hurtado
03/12/2017

 

No vamos a elevar a categoría de hazaña la clasificación copera, pero creo que es justo dar el mérito que se merece a una eliminatoria que se puso tremendamente cuesta arriba con el gol del Tenerife aunque, los más agoreros, tendrán argumentos válidos para decir que solamente un gol  de penalti inexistente fue lo que nos metió en el  partido. No obstante, es una clasificación que sabe mucho mejor después de ver todas las eliminaciones sonadas que ha habido. Puede que el formato de la competición no sea el más atrayente para equipos humildes pero, seguramente, todos los jugadores que la disputan –normalmente jugadores con pocos minutos en liga- se juegan ahí sus pocas opciones de ser dela partida del entrenador en futuros partidos.

Pudiera parecer, también, que el factor  televisivo –su aumento- pudiera haber repercutido en una brecha mayor ente la primera división y el resto de categorías. En cambio,  esta jornada de dieciseisavos ha evidenciado todo lo contrario. Varios equipos de inferior categoría se han impuesto a los favoritos. ¿A qué podemos achacar este hecho, si la brecha salarial ha ido en aumento? Yo, a primera vista,  diría que al factor psicológico ya que, esas sorprendentes clasificaciones, en muchos casos, se han conseguido incluso con los menos de habituales en los equipos menos favoritos.

Actualmente, hay infinidad de tests –la mayoría físicos- para controlar el estado de los jugadores a pleno rendimiento, pero hay uno que, por su simplicidad a la hora de realizarlo, y que por la interpretación de sus resultados, está teniendo éxito. Nuestro cuerpo trabaja, desde el sistema nervioso central, con dos sistemas que gobiernan casi todos los órganos: el sistema simpático y el parasimpático. A grandes rasgos,  el primero rige cuando estamos activos y el segundo cuando estamos en reposo. Pues bien, se están analizando ambos sistemas para ver cómo afecta, por ejemplo, el estrés en futbolistas. Los resultados están dejando resultados sorprendentes en la afectación de la competición en deportistas de alto nivel -que no dejan de ser personas-.

En definitiva, la competición es exigente, y solo apta para mentes capacitadas a soportar grandes cotas de estrés. El factor “tener poco a perder” juega un papel decisivo. Los músculos se agarrotan y la competición atenaza.  Son muy pocos los deportistas con esa capacidad mental competitiva y que, además, les acompañen determinadas virtudes físicas y técnicas. Son solamente unos pocos los elegidos.

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