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OPINIÓN DANI BALLART

El Pirata

Josep Manel Casanova era querido por todos. Difícil no enamorarse de un hombre que respiraba amor por el Espanyol y por su trabajo

Dani Ballart Dani Ballart
11/06/2018

 

Nos hemos convertido en una empresa. No hay nada más que decir. Esta es la dirección tomada por el propietario y debemos respetarlo. El Director General ya comentó el camino hacia la profesionalidad absoluta como forma para darle viabilidad al proyecto. Todo será medido y mirado empresarialmente dejando de lado lazos románticos. Aun así desde hace dos años se están haciendo algunas cosas con mucho tacto y sensibilidad.

La recuperación de iconos deportivos para formar parte del engranaje profesional, recuperar valores del pasado ya maduros para reforzar con su sentimiento de pertenencia al club y al primer equipo, jugadores que nos dejaron pero inmortalizar sus nombres en nuestro día a día y lo último, poner el nombre de la residencia de los futuros valores del club, Josep Manel Casanova. Tacto y delicadeza de nombrar a la gallina de los huevos de oro para un hombre avanzado a su época que tenía clarísimo cuál era ese trabajo y los frutos que darían en el futuro. Josep Manel Casanova era querido por todos. Difícil no enamorarse de un hombre que respiraba amor por el Espanyol y por su trabajo durante las veinticuatro horas del día. Gran acierto nombrar a la residencia con su nombre para recordar a los más pequeños de quien fue esa idea y cuantos futbolistas llegaron incluso a ser internacionales saliendo de nuestra propia maquinaria de hacer futbolistas.

Un tributo hacia un hombre que salió de su casa de una manera inmerecida, pero ya saben que en esta vida complicado es que admiren tu trabajo y lo valoren. Tuvo que parar en el sur para seguir demostrando el talento que llevaba dentro suyo para descubrir perlas esparcidas por diferentes campos de la geografía española. Él era un buscador de tesoros. Era un auténtico pirata que luchaba por sus ideales y por sus chicos. Un surcador de campos de futbol con esa sutil mirada escaneadora que podía detectar el talento aún escondido de grandes futbolistas con el paso de los años. Una virtud menospreciada pero tan llena de importancia por la valentía de decir y apostar por hombrecillos llenos de sueños. Un Espanyol profesionalizado pero con un dulce toque de respeto hacia nuestra historia.