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OPINIÓN

Perspectivas desde la trinchera

Oriol Vidal Oriol Vidal
18/03/2017

 

En Ipurúa solo faltó el barro. Paletadas en la trichera, bayonetas en cada balón dividido y lo ya sabido: fútbol amargo. Todo fue puro combate entre ameros especialistas en la emboscada y el comando perico parapetado por Diop. Lucha homérica y encarnizada, sí, pero sin el brillo estético de los versos de “La Ilíada”. El Espanyol supo sobrevivir a su involución programada del primer tiempo y enseñó después dentada en el único lujo de la sobremesa: un centro con muselina de Gerard que Jurado ensartó con el pintxo, picadito y suculento. Un asombro en el erial, un feliz florecimiento en el páramo. Un golazo, vamos, para clavar el estandarte y dar sentido al sudor. Porque el entretenimiento no hizo prisioneros: no cuenta.

Sumar es la misión y el Espanyol lo hizo donde solo han ganado los tres grandes y Osasuna, quizá por razón de estilo. Con semejantes antecedentes, QSF lo tuvo claro: a falta del toque de las potencias para imponer la calidad, su Espanyol debía plantear el partido en el cuerpo a cuerpo, en la típica tarde para arremangarse. Y sí: no le faltó sacrificio a su escuadra, sufriente como un implicado en el descenso, de frente en la pelea y el ardor. Fue inevitable echar de menos a Marc Roca y su criterio de inicio, en pleno festival del rechace y el balón perdido. Pero la contienda, aspereza total, era apta para poco: incluso GM7 quedó inédito en el primer tiempo. Caicedo, correoso e implicado, bajó la nota por su desacierto ante un regalo de Lejeune y su escaso punch para defender el primer gol. Pedro León no es Zidane ni Maradona, pero las mete donde quiere con tiempo y espacio para pensar. Y aun así, un buen punto que fue puntazo después de lo de San Mamés y que será de dulce regusto si se derrota al Betis en la vuelta de la Liga. Con Quique, ya se sabe: donde no llega la emoción, lo hace el cálculo.

Así pues, como al quiquenaccio ya no lo vamos a cambiar, centrémonos en lo bueno: 1) este Espanyol es duro de pelar, a la par que ya manda en casa; 2) Jurado, con sus intermitencias, decide y define, y la de ayer era más difícil que la del Madrigal; 3) el equipo es letal con lo poco que genera y, sin Piatti, el equipo supo ser amenazante, aunque faltaran más contras en el segundo tiempo; y 4) un Espanyol que no se arruga es sinónimo de buenos tiempos. En el debe, 1) la exigencia que sufrió Aarón, con Ander Capa y León percutiendo; 2) la parálisis general en el tanto de Kike García; y 3) la falta de jerarquía para detener un poquito el balón. El balance me sale positivo.

Toca seguir: diez finales. Quique las puede afrontar con Víctor, Baptistao y Marc Navarro de vuelta, aunque la lesión de Óscar Duarte obligará a retrasar de nuevo a David. Incluso esa adversidad puede resultar positiva para el equilibrio del equipo, impertérrito detrás y con galones recuperados para la construcción. Poderío y ganas no van a faltar. Sin grietas ni dudas y con ese saber sufrir, ha llegado su mejor hora.

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