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OPINIÓN

Los peores de nuestra Liga

Oriol Vidal Oriol Vidal
04/12/2017

 

Ipurua no engaña a nadie. Ipurua retrata a todo el mundo. Y es un mal sitio, tras un partido de guión temido y casi seguido al pie de la letra, para vender resignación. No puedes perder 3-1 contra el Eibar (el-Ei-bar) y escudarte con el presupuesto (el-pre-su-pues-to). No puedes decir que te condenan errores individuales (que sí) como causa de todo cuando tu plan sólo ha producido once goles en catorce jornadas. Y, en definitiva, no puedes afirmar que tu Liga es quedar entre el séptimo y el quince justo la mala tarde que te clava, que te retrata, en el quince. Decimoquintos. Los peores de nuestra Liga, según vino a decir Quique. Un pleno de desastres. Un tocar fondo. O, al menos, debería serlo.

Mal Hermoso por hacer falta en la frontal a las primeras de cambio; mal Jurado y Víctor haciendo de Inui otra vez todo un Laudrup; mal Darder perdiendo ese maldito balón ante Enrich, previo al 2-0;  mal Gerard en la definición; y mal todos en un festival de la pelota perdida, jugando a ser el Eibar contra el producto genuino. Luego, sí, Undiano y sus ridículos. Errores individuales. Pero muchos, muchísimos. Quizá por una deriva estructural: díganle equipo que juega antinatura, díganle escuadra algo quemada (ay, Piatti y Fuego) tras una sobreexplotación: quizá la factura del ‘quiquenaccio’, sin frescura para seguir siendo tan determinantes con tan poco. Europa queda a cinco puntos y el descenso, a seis, es verdad. Pero en dos jornadas toca visitar al Las Palmas... y fuera de casa no se gana. Alerta, proyecto.

Ipurua y su factura ponen en una situación semicrítica al Espanyol. Lo que tenían que ser partidos de ilusión máxima se van a vivir bajo una presión difícil para un grupo instalado hace más de un año en una plácida situación. Al Girona de Stuani, peleón y guerrero como todos los equipos que se le han atragantado al Espanyol, se le deberá ganar, ahora mismo sin David López. Y luego tocará viajar a Las Palmas en otra prueba de credibilidad, y justo antes de cerrar el año ante el Atlético de Madrid. Estará mucho en juego. Empezando por la ilusión de la Copa: unas urgencias ligueras podrían ser letales para la doble vida paralela que demanda siempre la competición del KO. Respiren, aíslense. Mejoren. Ganen.

Quique parapetado en el campo y Quique parapetado en la sala de prensa. Mal asunto cuando se trataba de dar un paso más. Peor aún cuando el míster parecía el auténtico líder del club. El proyecto de Mr. Chen vivió un día aciago, ajusticiado por Arbilla y Jordán, sus descartes de club rico. Pero más puede perder si no recupera ya su autoestima y su mordiente y abandona ese apocamiento y ese dejarse ir vislumbrado ayer, casi sin respuestas ante los retos prometidos. Un partido en Ipurúa que sí: retrató a la perfección a su visitante y en toda su dimensión de club. Desperta, Espanyol.

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