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OPINIÓN

Un nuevo rumbo

Nacho Julià
21/12/2017

 

Somos raros, locos, ilógicos, lo sabemos. ¿Vivimos en nuestro planeta? Pues la verdad que también. Aceptando estas premisas, hace mucho tiempo que intento reflexionar qué le pasa a este club. De por qué año tras año vivimos situaciones paralelas, pocas veces agradables. Del porqué no podemos despegar y ser, al menos, un año el equipo revelación. De por qué no podemos salir de esta mediocridad que como el gota a gota nos está matando desde hace 117 años. Y sobre todo de cómo podemos gestionar la desilusión.

¿Saben qué me pasa? Que no me trago eso de que la culpa sea del presidente o la directiva, ya he visto pasar a muchos desde que en el año 79 mi padre me llevó por primera vez a Sarrià. Ya ni les cuento de cuantos entrenadores he tenido que escuchar que no sabían de fútbol y sobre todo la enorme lista de jugadores que me han decepcionado y en algunos casos avergonzado en estas cuatro décadas de pertenencia sentimental al RCDE.

Mis ojos han visto perder finales europeas con ventajas de tres goles en 20 minutos. He visto bajar al equipo a Segunda viniendo de posiciones de UEFA. Incluso estar al borde del descenso en diversas ocasiones teniendo a Tamudo, De la Peña y Luis García jugando con nosotros.
Hemos cambiado el nombre, el escudo, el himno y tres veces de estadio. ¿Pero saben lo único que no ha cambiado en estos años? Nosotros, la masa social, el alma del club.

El profesor Emilio Duró siempre dice en sus conferencias que si te caen todos los marrones hay dos alternativas: La primera es que Dios te los mande “poco probable”… Y la segunda que el marrón eres tú y los atraes. Y sentencia: Si siempre haces lo mismo no te puede extrañar que te pase lo mismo. Si quieres un resultado diferente hay que cambiar.

A día de hoy tenemos un presidente que, sin ser perico, ha puesto 160 millones de euros en dos años y ha reflotado y saneado una nave totalmente hundida. Ha fichado jugadores y no ha vendido a nuestros canteranos. ¿Su premio? Críticas y comentarios de que es un proyecto acabado, que todo era mentira. Es decir, en las primeras jornadas de su segundo año y después de salvarnos de la bancarrota ya lo damos por muerto porque el equipo no juega a nuestro gusto. Y así hasta que se canse y se largue.

Vamos de club de cantera, pero nos debuta un portero joven, lo acompañamos de una defensa de Tercera Regional y lo silbamos hasta que lo sientan en el banquillo porque le meten goles. Nos viene un entrenador de la casa, nos mete en semifinales de la Copa, y casi en Europa, y lo matamos deportivamente. El triunfo de algunos es que no haya unión en la juventud. Durante años, mientras la entidad estaba totalmente arruinada pedíamos fichajes. Criticamos la asistencia al estadio desde el sofá de casa. Queremos un club apolítico, pero que apoye solo nuestro pensamiento. La prensa es toda culé, pero la perica no la consumimos. Queremos la Champions sin entender que es muy complicado y caro. Protestamos por todo. Y así podría seguir durante tres artículos, pero creo que ya queda claro.

Miren, el principal cambio solo puede nacer desde el alma de la entidad, que somos nosotros. No esperen que un chino lo haga, ni un entrenador, ni mucho menos un jugador. Solo nosotros, los que llevamos toda la vida aquí, podemos marcar un nuevo rumbo, de militancia, de asistencia, de apoyo incondicional, perdonando errores, siendo pacientes, aportando y no destruyendo ideas, en resumen, de puro amor. Seguro que, si logramos eso, al día siguiente todo empezará a cambiar.