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opinión josé antonio meca

El Mourinho perico

Clemente era un ‘coach’ cuando todavía no existían. Fue un tipo capaz de cambiar la mentalidad, no solo de un equipo de fútbol, sino de un club entero y de su afición

José Antonio Meca
18/02/2018

 

A veces, la vida te brinda oportunidades de deshacer nudos. Nudos que quedan enquistados en la memoria y que una cosa tan simple como una simple conversación, puede llegar a deshacerlos de una forma drástica y radical.
Javier Clemente fue un entrenador que, principal y fundamentalmente, será recordado por la historia perica como ‘el entrenador que perdió la UEFA que estaba ganada’.
- “El partido de vuelta lo perdí yo, por tarugo…” Nos decía el otro día en la entrevista que nos ofreció en Llobregat BiB, siendo plenamente consciente que eso le acompañará toda la vida mientras hable con un perico.
No obstante, repasar el trabajo realizado en sus tres etapas como entrenador del Espanyol, hizo rememorar unas gestas de las cuales es justo y lícito que reivindique su dosis de orgullo. Gestas absolutamente increíbles como la de quedar terceros en Liga tras una campaña espectacular.
Recordar como llega a Barcelona, tras ser campeón de Liga en dos ocasiones con el Athletic, por haber sido los primeros en ir a ficharle, y plantarse en el vestuario y decir a los jugadores:
- “Señores, vamos a por la Liga”.
Nos parece casi cómico, pero emociona comprobar que no era una broma o un chiste. Fue real. Absolutamente real.
Clemente era un ‘coach’ cuando todavía no existían. Fue un tipo capaz de cambiar la mentalidad, no solo de un equipo de fútbol, sino de un club entero y de su afición.
Al año siguiente se perdió la final en un partido dramático, pero tras una competición verdaderamente alucinante.
Nunca supo callar, ni ser diplomático. No rehuía una pelea con quién fuese. No le temía a nadie y no tenía medida. Era el tipo que defendía al club y te hacía sentir orgulloso.
Ya en su presentación dijo: - “Nosotros no somos segundos de nadie. Somos el Espanyol de Barcelona, un club con méritos própios”.
Quizás un ego elevado, un orgullo mal canalizado o una autoestima propia de un carácter capaz de lo mejor y lo peor, hizo que cometiera errores, y su falta de diplomacia y tacto con la prensa de entonces hizo que también le achacaran algunos que no le pertenecían.
Dos veces más regresó al Espanyol. Ambas para salvar al club de un descenso que parecía asegurado antes de su llegada. Siempre dispuesto a ayudar al Espanyol, club del que nos aseguraba el lunes que sentía “hasta las trancas”.
Para todos los que vivimos aquellas épocas, nos es difícil recordarle con simpatía y amplias dosis de cariño. Con reproches, pero con la seguridad de que todo lo vivido valió la pena. Más si cabe al comprobar que los aficionados del Espanyol también dejamos en él una profunda huella.
Clemente es historia viva en el Espanyol. Fue el entrenador que nos hizo rozar la gloria y nos hizo besar el fracaso. Nosotros fuimos para él el club que le dio acceso a ser seleccionador y a vivir sus episodios más mediáticos.
Por ambas partes existirá para siempre un profundo vínculo sentimental.

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