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CONTRACRÓNICA

Las meigas se alían con el Espanyol en la ruta xacobea

Xavier Ensenyat Xavier Ensenyat
24/02/2018

 

Suma y sigue. El Espanyol suma puntos y empates en las últimas semanas, pero sigue jugando mal. O mejor dicho, cada vez peor. En clara involución, palabra acuñada por el mismo QSF. Un 23F que no pasará precisamente a la historia espanyolista.

Me temo que el equipo está condenado a dejarse ir hasta final de temporada y a sestear en la segunda página del teletexto, expresión que utilizaba Daniel Sánchez Llibre para referirse a los equipos que van desde el 11 al 20 en la tabla clasificatoria. Un equipo apático y triste, fiel reflejo de lo que transmite el entrenador desde hace tiempo.
Lo mejor de anoche, con diferencia, fue el punto que sacó el RCDE en Riazor. Una derrota habría instalado al equipo al borde de un ataque de nervios porque hubiera servido para resucitar a un rival directo (aunque duela decirlo). Por suerte, el Espanyol conserva un colchón de diez puntos sobre los puestos de descenso.
El partido fue muy similar al de Balaídos, el anterior desplazamiento, donde también merecimos perder. Incluso peor. Dos palos y un penalti desperdiciado lo dicen todo. Las meigas (haberlas, haylas) se han olvidado de sus equipos gallegos (Celta y Depor) y se han aliado con los pericos. Hace años que los conjuros de la famosa bruja de Leverkusen ya no hacen efecto.

Piatti-Leo, un espejismo
El grupo jugó de más a menos. La primera parte fue floja pero hubo tiempo para un espejismo: un centro de ¡Piatti! (sí, lo han leído bien, el duende argentino ha vuelto) que remató Leo Baptistao. Una combinación de la que ya nos habíamos olvidado y que era tan frecuente durante la pasada temporada. Tras el descanso no hubo noticias del Espanyol. O mejor dicho, una noticia tan repetitiva como peligrosa. Diego López estuvo inconmensurable y volvió a colgarse el cartel de salvador. El ‘Pulpo Gallego’ fue nuevamente profeta en su tierriña. Especialmente en el penalti detenido a Lucas, de mucho mérito porque su disparo abajo y colocado no era nada fácil. Es gato viejo y se las sabe todas: utilizó su experiencia para poner nervioso a Lucas, a quien invitó a que lo tirara por su izquierda. Pero no fue así y lo paró.
Pero ese paradón no sirvió de revulsivo como el día del Barça (esa mano a Messi aún provoca orgasmos colectivos) y el Espanyol fue incluso a menos. Acorralado por un rival necesitado que anoche no tuvo fortuna porque fue acreedor de los tres puntos. El último de tres resultados injustos. Tres empates valiosos pero inmerecidos.
El Espanyol sacó petróleo en Riazor, pero las cuatro jornadas seguidas sin perder no pueden esconder una realidad: este equipo no juega a nada y su entrenador es un mar de dudas que sigue sin dar con la tecla adecuada. Así lo demuestra el preparador madrileño con sus continuos cambios en las alineaciones y de posiciones. Hasta ‘La Roca’ Sánchez, que no estaba contaminado por el tedio y el nivel de mediocridad general, parece haberse contagiado un poco de sus compañeros.
Como decía un anuncio añejo, “Pasito a Pasito a Bazar Perpiñá”. Y en el caso que nos ocupa, a la salvación. Único objetivo realista para una temporada que se nos va a hacer muy larga. Y, visto lo visto, firmo que siga siendo aburrida y sin sobresaltos.

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