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OPINIÓN

Un guantazo para la reflexión

Oriol Vidal Oriol Vidal
10/09/2017

 

Dolorosísimo 5-0. Hubo un tiempo en que el Barça necesitaba de la mano de Messi para arañar un punto al Espanyol. Es un momento que muchos pericos querrían ver de vuelta, cercano. Sin embargo, el manotazo de ayer (sí, una vez más con la incidencia brutal del argentino) regresó al Espanyol a sus muchas realidades: la incontestable distancia entre clubes, la desinhibida querencia arbitral por el sistema de castas y, sobre todo, los límites del ‘quiquenaccio’: pura impotencia ante los grandes. Quique no logró recortar ni uno solo de todos esos handicaps en una noche en que todos los resortes que tocó le resultaron contraproducentes. Un drama.

Para reflexionar es que un Barça dubitativo, de lenta circulación y con dudas te acabe marcando cinco igualmente. Pero el hecho de que tu equipo, con muy poquito, goce de hasta cuatro ocasiones clarísimas para batir a Ter Stegen, aún debería preocupar más, y me explico: el Barcelona de ayer era una escuadra aún frágil y sin tanta credibilidad como la que le otorgó el Espanyol. Es ventajista decirlo a posteriori. Pero de Can Barça, y resulta ya algo obvio, solo puedes salir vivo planteando el frontón si eres la Juve o el Inter de Mourinho; si no, necesitas algo de tregua a partir de la pelota, cosa que desde luego no ocurre abdicando a ella (72% de posesión azulgra). Que Piatti hiciera un palo, que luego marrara esta vez el gol que le metió al Dortmund, que Umtiti salvara un golazo de Baptistao y que Ter Stegen volara a gran tiro de Dídac habla de que este Espanyol tiene argumentos. Y también dice que quizá toca creérselo y mirar de explotarlos. Si no, viene Messi y se te estalla encima. El derbi fue suyo pese al cansancio y la depresión con que le dejó Argentina.

Podemos profetizar hoy que difícilmente pagará el Espanyol los 8 kilos de Darder si éste juega mucho en la banda en vez de dar sentido desde el centro de operaciones. Podemos asegurar que Piatti defenderá como nadie en la derecha, pero que el Espanyol se limita entonces por la izquierda: ayer parecía propicio que entre el Duende y Aarón pusieran en jaque a Semedo, o al menos, condicionarlo. Por ahí se empezó a escurrir el Espanyol y eso que Víctor Sánchez, aún falto de ritmo, no tuvo que vérselas con Deulofeu: Valverde, en cambio, sí que movió pieza y el jaque lo puso él, con el extremo hipotecando cualquier alegría del lateral izquierdo perico. Luego Gil Manzano hizo de las suyas y dio validez al primer gol del Barça y cargó con una amarilla lamentable a David. Pero las excusas duraron lo que tardó en hincharse el marcador. Grotesco y exagerado, pero hay que aprender y variar el libreto ante los fuertes.

En fin, diré lo de siempre. No más dramas de los exagerados y menos harakiris. Perder el derbi ya supone la tragedia suficiente como para darle una resonancia martirizadora. Pero hay que aprender, por más que uno sospeche que mientras haya Messi será imposible sacar algo del Camp Nou. No se puede negar: el RCDE extramotiva.

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