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OPINIÓN ORIOL VIDAL

La goleada melancólica

Imagino a Dámaso con su bombo marcando el latido del equipo. Quizá su debut celestial explique el desparrame del equipo

Oriol Vidal Oriol Vidal
14/05/2018

 

Regalo extra de la galleguización del equipo, y se agradece. Pese a ser frente a un Málaga en descomposición, fue un 4-1 pistonudo, con casi dos decenas de ocasiones, show puro de Darder como fuente de vida y alegría… y los demás, al ataque: a gustar. Todo un partido de circo para reconquistar a los niños, tan perdidos tras un curso de sinsabor; pero una fiesta con sordina para los mayores, casi en un limbo y como tratando de ver más allá de los goles el paisaje borroso que se avecina. Ni despedidas hubo, pese a flotar en el ambiente. Todo el Espanyol vive en la contención.

El speaker amenizaba la previa en la fanzone (quizá con tanto anglicismo se explique, en parte, lo que nos pasa) y preguntaba a los niños “què farà avui l’Espanyol”. Y los cachorros desfilaban y apostaban por la victoria. Todos decían que ganaríamos: por uno, por dos, por tres… Y, no hace falta decirlo, todos le daban los goles al mismo: a Gerard Moreno, entre los suspiros de sus progenitores. El 7 saltó al campo como si nada y marcó la pauta con un prodigio nuevo: control-picadita ante el bueno de Andrés Prieto y remache a la red. Nos resistiremos, como los críos, a pensar que es el último, pero no a calificarlo como uno de sus más bonitos. De jugador de más de 20 kilos, desde luego, y al que los 40 empiezan a caerle justitos. Gerard no tiene precio.

Imagino a Dámaso con su bombo marcando el latido del equipo. Quizá su debut celestial explique el desparrame del equipo, de nuevo muy coral y con una capacidad asociativa bárbara, ya fuera desde el ofrecimiento o desde el amago, donde Sergio García ofreció ese arte sublime de sus mejores días. Se marchó entre el estruendo del “¡Falete, Falete!” de la grada, quién sabe también si por última vez. Y al cántico se debió sumar también Pardo, tan excesivo como siempre. Vimos la foto vacía de su asiento, para no olvidar… y otra, intrigante, con Diego López y sus mujeres sobre el césped, quizá para el recuerdo.

Diez días ahora con Chen para recomponer el puzzle desmontado este curso. Veremos si es imposible casar el trabajo con razón y el corazón. Si esto es un viaje a alguna parte o una simple huida hacia adelante. A Roger Guasch se le escapó en el mega-especial de “Tiempo de Espanyol” (felicidades, compañeros, por los 25 años) que “entre todos hay que salvar este club”. Un supuesto estado de emergencia que poca confianza proyecta y que describe una inversión que quema. La mayoría, sin embargo, del Espanyol no nos libraremos (ni queremos) jamás. A pesar de la melancolía en que nos han sumido.

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