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OPINIÓN DE ORIOL VIDAL

Gerard se carga el festín celtiña

Diego López evitó la masacre tras un juego desolador y Gerard (de Gerard Club Deportiu Espanyol) rescató el ánimo perico con un golazo impensable

Oriol Vidal Oriol Vidal
12/02/2018

 

Diego López evitó la masacre tras un juego desolador y Gerard (de Gerard Club Deportiu Espanyol) rescató el ánimo perico con un golazo impensable. Cuánto delanterazo para tan poquito Espanyol, no se sabe si más sometido por el Celta o por el ‘quiquenaccio’ más sado. Dos tiros, 2-2 y de puntito en puntito hasta no se sabe dónde ni para qué.

Balaídos maldijo la generosidad del fútbol “con un rival tan rácano y ramplón”, en palabras del periodismo local, enfurecido por “tanto antifútbol”. Pese al estupendo Maxi Gómez y al esteticismo celeste, Gerard y Diego fueron providenciales... y La Roca, un pivote para creerse mejores. Más vale, porque no es soportable un Espanyol tan y tan mermado. Quique adujo respecto a la paupérrima imagen lo de siempre: que el Celta es mucho rival y que, tras el gol de Leo, esperaba más de Jurado y Darder, esta vez los señalados. Pero justo la impresión fue la opuesta, como si el plan del técnico restase menos a los contrarios que a los propios. Darder y Jurado, dolientes en banda, quedaron de nuevo extralimitados, cuando en la primera vuelta fueron los artífices del triunfo ante el mismo rival... pero por el centro, claro: por su sitio. Es lo siempre: un Espanyol que, de tanto escudarse, de tan bien estudiado que tiene a Lobotka, a Wass y compañía, olvidó todo brillo al recitar su lección. Un RCDE víctima de sus condicionantes, como si fuera metáfora viva de la indefinida existencia del club, enorme en la resistencia pero diminuto para seducir y ser protagonista.

En Vigo cambian los entrenadores (de Luis Enrique a Berizzo y ahora Unzué) pero la idea persiste. Ayer el Celta entró y colgó como quiso y el Espanyol anduvo toda la segunda mitad como un murciélago, colgado en el larguero: para estudiar un cambio de mascota con el Valencia. Un acoso, sobre todo a la vista de la parroquia perica... y de la ajena. Baste con citar a Iago Aspas cuando le preguntaron ayer si Gerard, con zarpazos como el del empate, podría arrebatarle su plaza en el Mundial: “Es un gran jugador... pero quizá el estilo de su equipo le penaliza”. Que los ojos que leen y miran (y sufren, sobre todo éstos) den o quiten la razón.