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OPINIÓN JOSÉ SÁNCHEZ

Espanyol de Barcelona

Seguimos necesitando un organismo que vigile y preserve la historia del club y sus valores fundacionales

José Sánchez José Sánchez
05/08/2018

 

Siempre he defendido la necesidad de que los jugadores, y el club, demuestren ambición en sus declaraciones. Los objetivos deben serlo, es la única manera de llegar un poco más lejos cada vez. Acogerse a excusas y prevenciones no sirve para nada y solo debilita las posibilidades. Por ello no puedo más que aplaudir la aparición del ‘darderismo’, una ‘new age’ que ha provocado entre los pericos una ola de optimismo, que ya nos hacía falta.

De hecho, y antes de que eso ocurriera, yo mismo me había confabulado con otros internautas, a través de las redes sociales, en trabajar para que este año logremos una gesta: la Copa del Rey. El 25 de mayo de 2019 deberíamos estar en la final. ¿Difícil? Claro. ¿Imposible? No. Pero para lograrlo hay que convertirlo en un reto colectivo, club incluido. Y para conseguirlo no hay que dejar nada al azar; se debería trabajar para facilitar el camino. Por ejemplo, habría que habilitar solo el anillo inferior del estadio para lograr un buen ambiente en las eliminatorias previas.

La Copa nos ha dado las mejores alegrías y solo a través de esa competición hemos sido capaces de ir a Europa en las últimas décadas. El Espanyol necesita dar un salto adelante para salir de la mediocridad y que se nos vuelva a respetar aquí y fuera de aquí.

Las giras internacionales sirven para darnos a conocer como uno de los equipos de Barcelona, pero no debemos olvidar que es aquí, donde hay que reafirmar nuestra posición. También en ese aspecto debemos ser ambiciosos y no dar ningún paso atrás. Por eso considero un error de bulto haber dado por finiquitado el Ciutat de Barcelona. Un torneo que siempre sirvió para presentar al equipo en agosto y que nos ligaba a la ciudad que nos vio nacer como club y a la que pertenecemos. Por tercer año consecutivo no se jugará el torneo y debemos entender que ha sido sacrificado, ya que nadie se ha dignado a dar una explicación.

Después nos rasgamos las vestiduras cuando nos ningunean. Cuando Piqué y su cohorte de pelotas insisten en lo de ‘Espanyol de Cornellà’ saltamos de nuestro asiento, o cuando l’Ajuntamient de Barcelona realiza un video promocional de la Ciutat Comtal en el que no aparecemos, ponemos el grito en el cielo, pero en cambio asistimos con un simple encogimiento de hombros a la dilapidación de más de 40 años de historia de nuestro club (la primera edición fue en 1974). Pensad que si el equipo culé no pudo nunca organizar un trofeo con el nombre de la ciudad, con la repercusión internacional que habría tenido, fue porque ya lo teníamos nosotros.

Hay decisiones que el club, o los propietarios del club, no deberían estar capacitados para tomar, como por ejemplo cambiar los símbolos del equipo, pero anular competiciones históricas como el Ciutat de Barcelona debería estar dentro de ese catálogo. ¿Y quién le pone el cascabel al gato para decirle a los propietarios lo que se puede hacer o no? Seguimos necesitando un organismo que vigile y preserve la historia del club y sus valores fundacionales. A mi entender, esa debería ser una de las funciones de la Fundació, que ya debería haber alzado la voz para reivindicar el Ciutat de Barcelona. Y no me vale el argumento de que fuera deficitario para cargárselo, digan mejor que no han sabido hacerlo rentable económicamente.

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