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OPINIÓN DE JOSÉ SÁNCHEZ

Desafección

En el Espanyol no podemos prescindir de la implicación del espanyolista para seguir adelante y crecer

José Sánchez José Sánchez
29/12/2017

 

¡Pero bueno! Me voy cuatro días y la que se lía… Suerte hemos tenido de que el equipo ha sacado la casta en el último momento y ha derrotado al rocoso Atlético de Simeone, si no los turrones habrían sido muy, pero que muy amargos.


Con la caída de la última hoja del calendario del 2017, llega el momento de los balances, aunque se insista en eso de que ‘las notas a final de curso’. Cada vez que la Tierra da una vuelta al Sol miramos hacia atrás y recorremos con la mirada lo que ha dado de sí esa singladura. En el caso del Espanyol, el 2017 es otro año que se va a la papelera de la historia. Ha habido cosas buenas, ¡faltaría más!, pero el balance es algo descorazonador. Ahora que se presentan las nuevas palabras aceptadas por la RAE y las más utilizadas del año, yo resumiría este 2017 que pronto despediremos con un ‘palabro’: desafección. Una desafección que tuvo su momento más álgido el día del partido contra el Girona. Ese día, Quique no supo inculcar a sus jugadores que aquello era una ‘final’ para la afición y los blanquiazules saltaron al campo tan zombis como el que va a trabajar un lunes, y así nos fue. Y la afición estalló y mostró su enfado con el entrenador y con la directiva. A Quique le demostró su hartura por tanto ‘quiquenaccio’ y pase atrás y a la directiva le reprochó haber dilapidado en dos años (sobre todo en este último) la catarata de ilusión que había generado el proyecto Chen entre la afición.


Desde estas páginas, y siempre en la línea del título de esta columna, avisé de que estaba constatando una deserción emocional entre los pericos. Ya son muchos los que me comentan que solo renovarán un carné porque están hartos de hacer por el Espanyol mucho más de lo que este hace por ellos. El balance en el aspecto social del club es muy pobre. Y lo peor es que parece responder a una tendencia general. Las declaraciones de Enrique Cerezo, presidente del Atlético -otro club que siempre se ha caracterizado por la fuerza de su afición-, a la revista de fútbol Panenka, en las que decía que “el sentimiento en el fútbol se debe perder. El sentimiento o la fidelidad están muy bien, pero esto es un negocio”, expresan de forma muy elocuente el desprecio al rol de los seguidores. Es la versión 2.0 de aquello de que ‘el Espanyol es una empresa de fútbol’. Los magnates siguen empeñados en constreñir el fenómeno fútbol a una simple fábrica automática de hacer dinero, cuando su relevancia social se debe exclusivamente a la carga emocional que genera y a la función social que representa.
En el Espanyol no podemos prescindir de la implicación del espanyolista para seguir adelante y crecer. Por eso, iniciativas altruistas como la recuperación de las Secciones, que persiguen tener más presencia en diversos ámbitos de la sociedad, merecen todo nuestro apoyo y el del Consejo, que hasta ahora solo ha mostrado hacia ellos indiferencia o desdén. Su nacimiento fue una de las pocas buenas noticias de este año.
El crecimiento deportivo del club deberá ir necesariamente acompañado por un crecimiento del entramado social perico y de una apuesta fuerte por recuperar y promover los valores del Espanyol; el espíritu fundacional. Es de destacar, por ejemplo, la actitud de la grada perica al remarcar su apuesta por la no politización del fútbol en una coyuntura de polarización cuando silenció con la misma determinación el ‘¡Que viva España!’ de lo seguidores valencianistas con los gritos de ‘¡Independència!’ de la afición gerundense. Pero muchas cosas deberán cambiar en el club para que se reorienten las prioridades. El Consejo deberá ganar tanto en capacidad de decisión como en sensibilidad espanyolista. Ni lo uno ni lo otro funcionan. Y, en lo deportivo, debe dejar de dar bandazos y apostar de verdad por una dirección deportiva que marque el rumbo y no estar expuestos a las veleidades y caprichos del entrenador de turno. Poco hemos avanzado en este aspecto.


Si Chen le ha puesto un 6 al 2017, yo le daría un suspenso para motivar al alumno, a sabiendas de que puede hacer mucho más. Hay que subir el grado de exigencia colectiva.