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OPINIÓN

El derrumbe del ‘quiquenaccio’

Oriol Vidal Oriol Vidal
12/12/2017

 

Entró el Espanyol en la gran depresión. La derrota ante el Girona fue toda una ‘cicloChénesis’ explosiva: el gran fiasco ante el patrón. Otro partido para olvidar, si el martirio psicológico lo permitiera. Ni con millones salvadores, ni nada: otro naufragio y a ver quién conduce la balsa. Y Quique en plan Robinson, “me quedé en la isla en verano y en la isla voy a morir”, vino a decir. Ningún número de la Junta de Accionistas estará tan en rojo como la situación del equipo. Que, además (que no se engañe nadie) es la situación misma del club. Superviviente y virtual, que también puede leerse como agonizante y en plena evanescencia. Cuidado.

Las caras. Ay, las caras. Antes de la jugada que Pau salvó a tirazo de Pere Pons, lo vi claro, a ras de hierba: Piatti y Jurado eran dos poemas. Mal asunto. Y llegó el gol de Timor y ver rodar sin gobierno el timón perico, sin esperanza en el horizonte. Tan mal todo que no se exploró nada de lo esperable tras el fracaso de Ipurua: 1) pegarle un buen meneo al once (en cambio, Melendo fuera de la lista); 2) asustar a la tripleta defensiva de urgencias de Machín (en cambio, venga balones verticales, una bicoca para la superioridad de Ramalho, Timor y Juanpe, la defensa del Milan de los 90, oiga); y 3) explotar la psicosis del Girona en los minutos finales, tras su rotura in extremis ante el Betis y el Alavés (en cambio, pues nada, la nada pensante). “Quique, vete ya” fue la consigna de la grada. El ‘quiquenaccio’ sin resultados no tiene quien lo compre.

Y más caras. Conversación en el túnel de vestuarios. Corrillo entorno a Chen. Mao traduce. Sobre todo, lo que dice Tamudo. Lardín no sabe dónde mirar, cabizbajo. Ramon Robert prefiere no hacerlo a ningún lado. La situación de Quique es un marrón. Es el eje sobre el cual han hecho gravitar todo, plenipotenciario y casi única cabeza visible, reconocible. Ha traído a toda su buena tropa de confianza: más hipotéticos finiquitos. No hay ultimátum antes de Las Palmas; después, viene el Atleti. El míster es todo ‘filosofía’: “Me sorprende lo repentino de todo. En verano tuve tiempo de tomar mis decisiones y tomé la de quedarme. No me planteo irme. Puedo ser feliz también en casa y con la familia, pero quiero demostrar que soy el buen entrenador del año pasado y hacer feliz a la afición.” Y pasan las jornadas.

Parte del espanyolismo se acomplejó ante la visita del Girona y queda claro que todo el club se predispuso a acudir al diván. Desde la rueda de prensa previa de Quique, con todo ese rollazo histórico, a la crispación que generaron en algunos sectores las proclamas nacionalistas de la afición visitante. El Espanyol se histerizó solito y el espejo le refleja hoy torcido e inestable. Vencido por sus complejos y sin nadie con soluciones útiles. Esperaremos pues al paso al frente de Perarnau, a ver qué trae. Quería empezar su etapa tranquilo y quizá tendrá que entrar en ambulancia.