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OPINIÓN DE ORIOL VIDAL

El derbi de Mel

Golazo in-extremis, cosido por media cantera y desatado por Óscar Melendo, para resaltar la noche de reivindicación extrema. Glorioso.

Oriol Vidal Oriol Vidal
18/01/2018

 

Dulce estallido en el RCDE Stadium. El Espanyol se zampó la imbatibilidad del Barça con la apoteosis del ‘quiquenaccio’, y es justo destacarlo. Nadie como el entrenador es el gran padre de un triunfo tan necesario como utópico hasta la fecha. Maximizó su plan, sirvió un primer tiempo de brega y resistencia y, tras algún momento de fortuna, apuntilló en el segundo acto con dos gestos para el recuerdo: el salto salvaje de Diego López en el penal de Messi (decisivo) y ese golazo in-extremis, cosido por media cantera y desatado por Óscar Melendo, para resaltar la noche de reivindicación extrema. Glorioso.

Todo salió bien. Desde la renuncia de la profundidad en el primer tiempo hasta Naldo, que calló bocas con un partido muy serio, secundando a un Duarte imperial. Los dos centrales y un Granero hiperactivo lideraron una gran tarea coral de sacrificio y acierto. Bien es cierto que Denis Suárez falló un gol cantado, sí; y que el árbitro indultó una amarilla de Aarón, la segunda. Pero resulta indiscutible que el Espanyol se guisó el derbi y le añadió la pizca de sal (Baptistao) y de dulce (Melendo) cuando más le convino. El primero casi expulsó a Sergi Roberto, en otra muestra de perdonavidas del árbitro, y el segundo aportó ese fútbol centelleante que tanto aquí demandamos. Todo para ese flash final: Marc Navarro para Melendo, en una llegada lanzada por Gerard y Víctor. Puro fulgor para el despiporre. El templo rugió desinhibido.

Queda la vuelta en el Camp Nou, y antes el Sevilla. Pero el Espanyol debe administrar su momento dulce, tras aquel otro penalti atajado por Pau en el Gran Canaria. Venció al Atlético de Madrid, superó al pegajoso Levante y se ha situado en la buena senda: muy pocos goles encajados y de esa fortaleza, al despegue. La vuelta en el coliseo azulgrana sigue siendo un reto mayúsculo y ahora el vértigo será aún mayor. Pero el escenario es delicioso para la pericada, pese a que la amenaza blaugrana será máxima. Ya ven: el derbi vuelve cuando se le entierra. Y la ironía halla tierra para expandirse. Estos pericos celebran triunfos como antes celebraban empates.

Estampas felices al margen, queda crecer, porque la impresión es que ayer se plantaron varias semillas. Marc Navarro, por ejemplo, centrado, colosal, enérgico. Esa respuesta al fin fiable de Naldo, pese a algunos movimientos desconcertantes (digo yo que también sorprenden al rival). Quique generó fondo de armario. Y ahí, sonríe, pícaro y en una nube, el menudo Óscar, que menudo es. El derbi de Mel para “El derbi de la Mel”. Dulce hasta lo empalagoso, como este triunfo hipercalórico que todas las esperanzas enciende.

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