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OPINIÓN

Deberes y deseos

José Sánchez José Sánchez
01/01/2017

 

Empieza el año y es el momento de los buenos propósitos. El momento de hacer balance de lo que no se ha hecho el año anterior y que sigue en el cesto de las prioridades. También como club tenemos una serie de deberes pendientes que hay que volver a escribir en la agenda en la primera página del año para que no se nos olviden.
Desde el mismo Consejo se nos ha explicado hasta la saciedad que la primera fase del proyecto que nace con Chen Yansheng incluía, por un lado, estabilizar la economía, y por otro, confeccionar un equipo que fuera la base para en tres años estar compitiendo de tú a tú con los siete primeros de la tabla.
Podemos afirmar que, a pesar de la todavía exagerada deuda que arrastra el club, la parcela económica está bien encaminada, sus millones le ha costado al propietario de Rastar Group. En lo deportivo tampoco vamos mal y el pésimo arranque liguero se ha ido enderezando hasta llegar al punto desde el que a todos nos habría gustado empezar. A tres encuentros de acabar la primera vuelta ya estamos entre los diez primeros. Podemos decir que nos hemos subido a la buena ola.
Tanto el aspecto económico como el deportivo son las dos patas del taburete que parecen más sólidas. El equipo requiere algunos retoques pero, por lo que dicen, la dirección deportiva tiene claro el qué y el cómo.
Es en el área social donde a mi entender hay más terreno por recorrer y recuperar. Y no me refiero solo a aumentar la masa social y la asistencia al estadio, que también. Es algo más profundo. El Consejo tiene un excesivo perfil ‘tecnócrata’. Formado en su mayoría por abogados y especialistas en economía sus movimientos son siempre razonables y razonados pero no responden al ritmo que requiere un organismo vivo como un club de fútbol. Porque los aficionados no viven solo de resultados deportivos y menos aún de resultados económicos. Y en el caso de los pericos, acuciados por la presión de un ambiente claramente hostil, la necesidad de sentirse bien representado por los que dirigen el club es todavía más acuciante.
El Consejo es muy profesional, nadie lo pone en duda, y por ello no reparamos en asuntos banales como que el vicepresidente se olvide (o desconozca) la fecha de fundación del club o que algún consejero tenga un primo en la Junta del otro bando, por poner ejemplos extremos.
Valoro muy positivamente haber recuperado a Tamudo como emblema del club y la posible incorporación de Rafa Marañón, pero necesitamos como el agua un portavoz que se tire a la piscina sin miedo cuando hay que salir a dar la cara por el club. Que dé caña a los que nos ningunean y sin la presión de perder la silla. Ramon Robert lo hace bien pero no puede estar en todos los frentes.
El Espanyol debe ganar en relevancia en todos los aspectos; también en las instituciones deportivas nacionales.
Otro de los deberes pendientes es la grada de animación. Me gustaría recordar cómo se gestionó la grada de animación de Mestalla en la final de Valencia en el 2000. Días antes nos reunimos con el club miembros de los grupos de animación y algún medio de comunicación perico para planificarlo y fue todo un éxito. Yo recuperaría esa fórmula y para que haya transparencia me ofrezco a asistir para aportar mi granito de arena y seguir apoyando la iniciativa desde este periódico.
Tampoco dejaría en saco roto la posibilidad esgrimida por Pablo Ornaque en la Junta de hacer un museo con cara y ojos. Me sonrojé bastante al leer la semana pasada una falsa noticia, de esas inventadas por El Mundo Today en la revista ONBarcelona, que recomendaba bajo el epígrafe de ‘Relax a 10 minutos de Barcelona’, la visita al museo del Espanyol, y del que decía, con el radical humor que les caracteriza, que: “Se trata de un espacio diáfano casi vacío, apenas decorado con un par de trofeos y un póster de la revista Don Balón....”, entre otras lindezas.
Son algunos de los deberes que les pondría para colmar los deseos de muchos pericos.

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