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OPINIÓN ORIOL VIDAL

Control remoto y kamikaze

Hablamos de un Espanyol moribundo porque ha preferido malvivir y dejar pasar horas y días preciosos a hacer lo que debía: sacar orgullo, pedir respeto y decirle adiós a Quique cuando su flirteo con el Stoke

Oriol Vidal Oriol Vidal
15/04/2018

 

Dimisión total. La ofrecida sobre el verde, la explicada desde el banquillo y la consentida por el palco. Hablamos de un Espanyol moribundo porque ha preferido malvivir y dejar pasar horas y días preciosos a hacer lo que debía: sacar orgullo, pedir respeto y decirle adiós a Quique cuando su flirteo con el Stoke. Los riesgos de tal inhibición eran claros y aquí los presagiamos. Y así está hoy el RCDE: donde no hay incendio, huele a chamusquina.

En un club de los de antes no se hubiera salvado nadie; en éste, conviene, al menos, salvar el descenso. Lo demás ya se resucitará como casi cualquier logro en este club: por pura conjunción astral y por la fortuna de tener una afición acostumbrada a luchar contra todo, incluida está parálisis suicida fruto de una pésima gestión. Algo tan profundo como el Espanyol no puede regirse sólo con dinero, señores de Chen.

Páramo total sin ni siquiera espejismo resultó todo. Volvió el Espanyol a ofrecer cucharadas de tierra, como si lo de Mestalla no hubiera sido más que un oasis evanescente. La presencia estimulante de Darder, Melendo, Jurado y Gerard no cosió nada ante la férrea presión local. Con solo un buen posicionamiento se bastó Bordalás para desbaratar sin esfuerzo la intención improvisada de los de Quique. Pudieron tan poco que pareció que no querían. Un drama indigesto. Otro más. Y Ángel, indultado tras un codazo alevoso a Hermoso. Buf.

Pero todo puede ir a peor, y vaya, si lo fue. Tras la pausa, el propio Ángel sacó de sus casillas a Darder, que le soltó un patadón. Y Damián envió al Espanyol a Molokai, confinado con los malditos de la Liga. Un escuadrazo demoledor, un estropicio para un equipo roto. Y ni la expulsión injusta de Flamini alivió la tortura, obligados a sacar algo de la superioridad. Bruno abortó el único tiro de Gerard, tras un lujazo de Sergio García. Primer córner en el minuto 78. Primer tiro (Granero, alto) en el 81. Y el partido murió sin ni un disparo entre los tres palos porque Baptistao, solo, cabeceó metro y medio fuera con todo a favor. Cuatro jornadas sin mojar y bochorno doloroso. No es el equipo, ya no es Quique. Es el club el que vuelve a las llamas. El precio de la dejadez escudada en la contabilidad. Paren esto ya, por favor.

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