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OPINIÓN

El club de la equidistancia

Manel Rodríguez
25/11/2017

 

Somos un país de modas, y la equidistancia está de moda. Últimamente el Espanyol se está identificando con esta corriente que nace del concepto centrista de hacer las cosas sin tomar riesgos y que a veces nos lleva a situarnos en medio de la nada. Lo digo porque cuando el RCD Espanyol ha tenido que posicionarse, porque toda la sociedad catalana y española lo había hecho, a favor o en contra en el proceso de independencia, ha encontrado una solución intermedia de autoprotección de las críticas. Solución que, curiosamente, solo le ha ahorrado la reprobación contundente de una de las partes de su masa social. Es decir, la equidistancia social del Espanyol solo ha sido aplaudida por los que están en contra del proceso. Por lo tanto entiendo que el Espanyol se ha posicionado en contra del proceso de independencia, a pesar de que ha sabido cubrir esa apuesta bajo la capa del tópico de lo apolítico. “El Espanyol no se mete en política” dicen.


Queda claro pues que el Espanyol ha apostado por la equidistancia en un momento histórico donde la voluntad del Govern de Catalunya, que es la tierra del Espanyol, y de la mayoría de catalanes, muchos de ellos socios del club, quiere romper con las estructuras actuales del estado español y especialmente de su gobierno. Constato este hecho, pero no pretendo hacer una columna de opinión política. Sí que quiero utilizar el posicionamiento de la equidistancia para entender muchas de las cosas que están pasando a estas alturas en el sí del club españolista.
Deportivamente y en referencia a las aspiraciones del equipo, esta temporada el Espanyol practica la equidistancia más absoluta. Está a seis puntos del descenso y a seis puntos de las posiciones de Europa. Es decir, como siempre. A pesar de que desde la llegada de Chen Yansheng y de Quique Sánchez Flores al banquillo el club ha hecho la inversión más grande de la historia en fichajes, el equipo ocupa la decimocuarta posición en la clasificación una vez disputadas las primeras 12 jornadas, cifras equidistantes a las que tenía el club cuando la economía de guerra condicionaba cualquier proyecto deportivo. A estas alturas estamos igual o peor que cuando Sergio González dirigía el equipo con jugadores como Roco, Arlauskis, Abraham, Montañés, Ciani y compañía. Parece como si el Espanyol no supiera o no quisiera salirse de su zona de confort. Se siente cómodo en tierra de nadie y la sensación es que deportivamente el club está ancorado en la equidistancia sin ser capaz de dar pasos hacia delante.


Desde el punto de vista futbolístico, el equipo también se mueve en esos parámetros. Simplificando conceptos, los dos extremos de los comportamientos tácticos de los equipos van de los planteamientos defensivos a los planteamientos ofensivos. Pues bien, el Espanyol está justo en el punto intermedio de estos comportamientos. Se hace realmente difícil, incluso para los analistas más preparados, definir si el Espanyol es un equipo más defensivo que ofensivo. Una vez más el Espanyol se esconde detrás de esa equidistancia que justifica, por un lado los planteamientos miedosos del técnico contra los equipos más débiles, y por otro las buenas impresiones que causa el equipo contra rivales de más potencial. Futbolísticamente también queda claro que Quique Sánchez Flores surfea por la equidistancia.

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