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OPINIÓN

La bandera de la ilusión

 

Pese a la victoria, el partido de anoche fue de mero trámite, un encuentro de esos que no apetece jugar y que sobran en el calendario. De un lado, un Espanyol con los deberes cumplidos y enfrente un Granada sentenciado, tras una temporada para el olvido. Les confieso que seguí el partido por una cuestión profesional, de absoluta obligación. De lo contrario, cualquier plan, con cierto atractivo, hubiera enviado a paseo un duelo tan aburrido como el enfrentamiento de los Nuevo Cármenes. En los primeros minutos, dos inocentes regalos del cuadro andaluz, sentenciaron el encuentro. Entre Leo Batistao y Pablo Piatti sembraron el pánico a una defensa que evidenció las carencias del peor equipo de la categoría. Al final, 56 puntos en la tabla y, a la espera de lo que suceda durante el fin de semana, octavos en la clasificación. El gol local, tras error perdonable de Diego López, puso algo de interés a un enfrentamiento descafeínado y sin ningún interés futbolístico. De hecho, los aficionados tuvieron que buscar el entretenimiento en el lanzamiento de avioncitos de papel y con cánticos para sobrellevar una noche que les conducía, directamente, a la segunda división.
Llega el momento de hacer un primer balance a una temporada que defino como muy positiva. Y no me refiero estrictamente al apartado deportivo, posiblemente el más popular y vistoso en una entidad futbolística. Hablo del club, en general, de pelota y de números. Y es evidente que el nuevo RCDE dista mucho del que conocimos, previamente, al desembarco de Míster Chen y el grupo Rastar. A día de hoy, la entidad ha modernizado y profesionalizado su estructura interna, hacia un modelo de gestión absolutamente empresarial, alejado de aquellas épocas marcadas por una administración anárquica y de estar por casa. Desde fuera, tengo la impresión que se están sentando las bases de un club moderno, que quiere crecer al nivel que su modélica afición exige. Afortunadamente, quedan lejos aquellas colas de acreedores reclamando lo que el club no podía abonar. Actualmente, a nivel interno, plantilla y empleados cobran sus emolumentos con absoluta normalidad, lo cual redunda en la tranquilidad del personal. Hoy en día, el RCDE cumple religiosamente sus obligaciones con las administraciones públicas, léase agencia tributaria o seguridad social. La deuda actual está bajo control, siendo absolutamente asumible para la entidad. La prioridad del nuevo propietario siempre ha ido dirigida al capítulo económico, de cara a dotar a la entidad de un músculo financiero que permita crecer y competir a primer nivel. No hay otro camino. Con los números en la mano, la bandera del RCDE es sinónimo de un futuro pleno de ilusión. Ha llegado el momento de trabajar y sentar las bases de un Espanyol que siga ascendiendo peldaños en la clasificación, camino de Europa.

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