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OPINIÓN MOISÉS HURTADO

Ausencia de miedo

Estoy bastante convencido que cuando se hacen las cosas creyendo todos en ella, todo suele salir mejor. Y me da la sensación que esta temporada no se lo han acabado de creer

Moisés Hurtado Moisés Hurtado
13/04/2018

 

Semana fantástica para comprobar la importancia del aspecto mental en algo tan complejo como esto del fútbol. Este deporte ha evolucionado del clásico y rústico “vamos a echarle cataplines” hasta hacernos creer que los jugadores son máquinas y la geometría variable tiene una incidencia fundamental en el resultado. A mi entender, como con la mayoría de cosas en la vida, nos estamos pasando un poco de rosca. En el equilibrio suele estar la virtud y la mezcla de corazón y razón -proporciones según el carácter de la plantilla- es un buen camino para empezar algo. A mi entender, como falte alguno de esos componentes, malo.

Hemos podido ver esta semana paseando por Europa –ojalá seamos protagonistas en breve- cómo dos estados emocionales puntuales han sido decisivos: el exceso de confianza y la ausencia de miedo a perder. En mi opinión, el exceso de confianza es lo peor que le puede pasar a un equipo, sobre todo cuando juegas en niveles de máximo rendimiento. Hay tanta igualdad que, como salgas bajo de revoluciones, te pasan por encima en un abrir y cerrar de ojos. Y nadie está exento de ello. Por otro lado, el miedo es una de las sensaciones que mueven a las personas. O, mejor dicho, nos inmoviliza. El miedo no es malo del todo porque te mantiene alerta, con precaución, pero un nivel demasiado alto acaba por desestabilizarte. Roma y Juve han dado una muestra evidente.

En mi opinión, esta segunda emoción, quizás, es la que más haya afectado a los nuestros esta temporada. La necesidad de estar arriba, de consolidar el proyecto. El no vislumbrar que, aunque hubo partidos que no se consiguieron algunos resultados deseados en la primera vuelta, el juego generado debía ser una buena línea a seguir. Se creyó más en que había que volver a lo de la temporada pasada porque los resultados lo avalaban. No se creyó en lo que se hacía y, para mí, se estaba haciendo bien. Ese miedo a perder se reflejaba en su estado más álgido cuando el equipo conseguía adelantarse temprano en el marcador.

Puede que esta ausencia de miedo -ahora que el equipo esta en tierra de nadie- sea la explicación del buen juego en Mestalla. También se hizo un gran partido en Cornellà, sin embargo, el resultado fue el mismo en ambos casos. A veces, en este deporte pasan cosas que no tienen una explicación clara, pero estoy bastante convencido que cuando se hacen las cosas creyendo todos en ella, todo suele salir mejor. Y me da la sensación que esta temporada no se lo han acabado de creer.

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