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OPINIÓN SOBRE LA JUNTA

Accionistas, frío, alma

Roman Escuer
18/12/2017

 

Seguimos siendo socios. Y accionistas. Alguna vez, en mi caso, lo confieso, he antepuesto cualquier asunto y/o actividad diversa a ver un partido del Espanyol. Detalle inimaginable no hace tanto, cuando organizaba el fin de semana de mi tropa familiar en función del día y la hora del partido de mi equipo. Últimamente tengo una coartada: no jugamos a nada. Pero, bien pensado, tampoco jugábamos a nada con Paco Flores y, sin embargo, ahí estábamos, sabuesamente fieles. Será que nos hacemos mayores. O será que ya nada es lo mismo.

A propósito, si a Paco Flores le hubieran dado hace quince años esta plantilla, fijo que reven-tamos la puerta y nos colamos allá arriba. Probable-mente, la historia hubiera sido distinta. Quizás seguiríamos en Montjuïc (ergo ese Estadio Municipal sí que nos hubiera salido de gratis), no hubiéramos gozado de plusvalías con Osvaldo y nuestro orgullo, acrecentado, a full. Sin embargo, no ha sido así. Por supuesto que tu vínculo, tu cordón de pertenencia no se discute. Pero algo, no sé el qué, no va, no tira. Ya no es solamente que el míster se abrace a Messi, después de que te humillen, y le pida la camiseta. Y percibes astralmente como se te pone cara de bobo. Hay más.

Seguro que hay más motivos que alimentan esta sensación de hueco. Perezosamente, me cuesta identificarlos. Me dispongo a hablar con mi amigo Jaume Ballester, perico cum laude y uno de los grandes pilares de Genética Perica, para que me ilustre sobre este insólito panorama. A propósito, Genética, en pie, con gallardía y fidelidad, sigue siendo el segundo accionista del Espanyol.
A lo mejor ganamos en Las Palmas y en la Junta de Accionistas de este lunes se nos escapa una sonrisa. A lo peor, no. En cualquier caso, eternamente agradecidos al Sr. Chen. Sencillamente, nos devolvió al carrusel. Estábamos fuera. A muchos nos hubiera gustado que agitara estructuras, que no quedara ni rastro del desaguisado, pero entiendo que la óptica asiática de análisis aconseja cierta intemporalidad de las cosas. En estas circunstancias, ningún accionista creo vaya a cometer la osadía o el error de discutir el balance de situación al 30 de junio del 2017en la Junta. No tiene sentido. Mas lo que sí valdría la pena poner de manifiesto es que, a mi juicio, el Espanyol está vivo, a Dios gracias, pero parece que a costa de su alma. Y un club sin alma es un ente abstracto, indeterminado, de sabor metálico, frío. Peligrósamente frío. Ya que algunos de lo que están, están para solazarse en el presente, confío que el Presidente, individual y decididamente, tenga la habilidad de corregir a futuro el rumbo de la nave. La nave hoy es suya, cierto, exclusivamente suya.

Pero, disculpen la impertinencia: siempre será nuestra. De los que un día decidimos pintar nuestra vida de blanco y azul. Aunque el equipo no juegue a nada y no sepamos muy bien por qué el club está hueco.

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