Diario La Grada | Sábado, 26 de mayo de 2018

11:50 h. OPINIÓN DE ORIOL VIDAL

Gerard mandó en el derbi ochentero

Fastidia que Gerard Moreno haga una exhibición tal de orgullo que arrase con las distancias galácticas

05/02/2018

Tres derbis en un mes: una sola derrota perica, una sola victoria azulgrana y un empate por los pelos. Casi no hace falta añadir nada más. Duele el RCDE cuando ya no sólo molesta, sino que te pone contra las cuerdas. Es normal. Fastidia que Gerard Moreno haga una exhibición tal de orgullo que arrase con las distancias galácticas. Y luego, claro, llega lo mejor, que no es el numerito de Piqué (el resucitador del derbi) contra el Espanyol de Cornellà (doncs clar que sí, ja veus), sino lo de los Piquetistas de Parvulario. Esa gente que jamás le dirá al emperador que va desnudo y que lo hacen peor justificando su verborrea. En fin, así quedó lo de ayer: un empate de rabia que Piqué ante el micro convirtió en triunfo blanquiazul. Ya tarda el club en juntar sus gracias para hacer la campaña de socios. Nominado al Perico de l’Any con todos los honores, globalizador del Espanyol incluso en una temporada de lucha interna y sinsabor. Gràcies.

Gerard Moreno mandó, catedralicio, genial en el derbi que mereció ser suyo. Entendió como nadie la contienda, tanto en el juego como desde el alma. Replicó al genio de Iniesta, desestabilizó al Barça desde el eje y a partir de la lujosa ruleta ante Coutinho arrasó con su jerarquía, a gusto como pocas veces, sabiéndose grande. Todo lo hizo el símbolo perico: abasteció a Baptistao, provocó un par de amarillas a Piqué (ignoradas, vaya) y aprovechó un centro mágico de Sergio García para enseñarle al central azulgrana la portería de Cornellà. Beso al escudo cual Tamudo y entrega hasta al fin por su club. De hecho, llegó a inmolarse con un patadón a Piqué. Una entrada fuera de sí para afearle al otro Gerard su celebración en el empate, silenciando al personal con cornamenta incluida. Sin embargo, Gil Manzano, en todo, se inhibió, quizá sobrepasado por tanto orgullo herido.

Encharcado el templo, todo el duelo exudó épica. Quizá el Espanyol debió forzar más en el primer tiempo, lastrado el Barça por el descanso de Messi y el resto de rotaciones de Valverde. Pero aun así, después de que el regreso de Coutinho al RCDE Stadium quedara inaugurado por un roscazo al larguero, acudimos a un continuado “in crescendo” por parte de los de Quique. Baptistao marró dos claras ocasiones y la entrada de un Sergio desatado (sí, también mereció al final la expulsión, alocado ante Umtiti) le dio al equipo la chispa de locura necesaria. Fue un vibrante ejercicio de resistencia y derribo. Lástima que al pletórico David central no le siguiera hasta las últimas consecuencias un Naldo burlado solo en el buen testarazo de Piqué en la igualada. El único “pero” a un buen derroche.

Que el ruido chiringuitil y las cavernas autóctonas no resten brillo al gran partido del Espanyol. Exigió de nuevo al límite a un equipo sensacional, imbatido aún en la Liga y aspirante a todo. Supo Quique tomarle el aire, hay que decirlo. Pero de nada servirán las buenas sensaciones si la inercia del triplete de derbis no se sabe aprovechar. El calendario muerde y también a él habrá que plantarle cara. Como Canito, bien reivindicado por su grada en el derbi más ochentero que se recuerda.