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ALBERT VILLARROYA

Toda una vida ligada al club

El mítico técnico del Alevín A ha vivido en primera persona el crecimiento del fútbol base

Roger Macías Roger Macías
30/07/2018

 

Albert Villarroya lleva cerca de treinta años trabajando en el fútbol base del Espanyol. Entró en 1990 para dirigir al Alevín A, cargo en el que estuvo hasta 21 temporadas, con lo que vivió de primera mano el crecimiento de la cantera hasta convertirse en un referente en España e incluso de Europa. Además, ha ejercido otras funciones en el club (ahora es director de l’Escola y del Campus y forma parte del departamento de captación). Con él repasamos su larga trayectoria y descubrimos que contribuyó a que muchos jugadores llegaran al primer equipo.
“Llegué al Espanyol en la temporada 90-91. Entonces era el coordinador del fútbol base del Espluguenc. En ese club había jugado de portero en Tercera y tuve de compañero a Sandro Rosell (delantero). Josep Manel Casanova contactó conmigo y me contó que la Fundació Ferran Martorell, creada ese año, se había llevado a técnicos, jugadores... Así que recuerdo empezar en el Alevín A con solo 12 jugadores en fútbol-11”. Uno de los jugadores que tuvo en esa primera temporada fue Alberto Lopo. “Lo incorporé de la Unificación Bellvitge siendo alevín de primer año”. El central fue el primero en llegar al primer equipo pasando por todas las categorías. Entonces el Alevín A era el equipo más joven que tenía el club.
Los años 90 fueron complicados. Todos los equipos de la cantera entrenaban en distintos campos. “Casanova bromeaba y decía que teníamos la Ciudad Deportiva más grande de España, trabajando en tantos campos”. Villarroya recuerda que para ir a entrenar “llevaba un saco con diez balones en mi moto”. Entonces el entrenador se encargaba de todo, material, ojeador... sin la actual estructura que hay ahora, con segundos entrenadores, delegados... Otro ejemplo de precariedad es que “un día iba con una camiseta azul y Manel me preguntó que qué me parecería si todos los jugadores entrenaran con esa equipación. Y así lo hicimos”.
Un primer punto de inflexión para el Alevín A llegó a mediados de los 90 cuando pudieron jugar los partidos en las instalaciones del Europa, en hierba artificial. Pero el cambio de verdad para la cantera llegó con la inauguración de la Ciudad Deportiva Dani Jarque, en 2001. Y otro aspecto importante fue la creación de la Residencia de Gran de Gracia, lo que facilitó incorporar a jugadores de fuera de Barcelona. La labor de Casanova, el ‘padre de la cantera’, es incuestionable. “Nunca se le valoró como se merecía. Lo cambió todo, de la noche al día. Se dejó el alma y la salud. Tenía buen ojo con los jugadores y sabía rodearse de muy buenos profesionales”, apuntó.

Coleccionista de títulos
En 21 temporadas Villarroya consiguió 7 ligas y 7 Campionats de Catalunya. “Soy el técnico del Espanyol con más títulos”, no dudó en afirmar. Llama la atención que solo entrenara al Alevín A. “Estaba dispuesto a dirigir otros equipos, pero Manel quería que entrenara al Alevín A porque así le formaba un buen equipo al que luego solo había que hacerle un par o tres de retoques cuando los jugadores iban subiendo de categoría”. Sin ojeadores, él mismo “hacía de captador, con la supervisión de Manel”.
Villarroya ha entrenado a muchos jugadores destacados. Además de los que hay en la lista, hay que añadir a Crusat, Vates, Palanca, Yagüe, Cuenca, Català, Porcar, Robusté... Y “no eché a ninguno que luego haya llegado a Primera”, añadió. De Gerard recuerda que rápidamente vio su potencial y que otro jugador, Sani, le servía para atraer a las defensas con su físico para que el de Santa Perpètua se hinchara a marcar.

Segundos entrenadores
“Solo he tenido cinco y todos han hecho carrera”, destacó orgulloso. El primero fue Òscar Perarnau. “Lo tuve ocho años. Me hacía una ficha detallada de toda la plantilla, con los minutos jugados... Ya se veía que llegaría lejos, es una persona muy perfeccionista”. El ahora director general deportivo “es lo mejor que le ha pasado al club en los últimos años”. Luego tuvo a Lluís Planagumà, a quien había tenido de jugador. “Se le da mejor entrenar”, comentó entre risas. “También es muy perfeccionista y meticuloso. Trabaja muy bien y creo que en un futuro podría volver al club”. También tuvo a Emilio Montiagut “poco tiempo porque se fue al primer equipo con Paco Flores, Toni Borrell, que también se fue al primer equipo como asistente técnico, y Luis Milá, que se lo llevó Bakero a la Real.
Villarroya, que se considera “un trabajador honesto y fiel”, siempre estuvo abierto a compaginar su cargo de entrenador con otras tareas en el club. En una ocasión, Ramon Moya necesitaba un preparador físico cuando entrenaba a L’Hospitalet, entonces el filial. “Fue una buena experiencia. En ese equipo jugaban Sergio González y Fran Navarro”.
Tras la marcha de Casanova, Villarroya no vio una dirección clara en el club. “Hubo varios coordinadores de paso. Casado y José Luis García no tenían el bagaje suficiente y si duran dos años más nos destrozan. Morales entró entre comillas para echar a Casanova e incorporó a gente que hablaba mucho pero que no era trabajadora”. Pero ahora ve el futuro con optimismo, con Fran Navarro y Àlex García como coordinadores. “Hay una dirección clara, todos los entrenadores tienen la misma filosofía. Y con el Departamento de Optimización y Rendimiento estamos haciendo un camino muy importante. Tenemos un buen futuro”. ¿Un deseo? “Que 18 jugadores de la primera plantilla sean de la base”.

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