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23:52 h. ESPANYOL 3-3 ATHLETIC

La historia interminable

El Espanyol se deja empatar hasta en dos ocasiones y el Athletic acaba perdonando

Xavier Ensenyat 16/09/2012

El partido matinal de ayer se puede resumir con el inicio de aquel chiste malo: “Hay una noticia buena y otra mala. ¿Cuál prefiere?” En el caso que nos ocupa, la positiva es que el Espanyol suma el primer punto de la temporada y la negativa es que sigue sin ganar, dejándose empatar tras ir con ventaja en el marcador por tercera vez en los cuatro partidos de Liga disputados hasta la fecha.   

Lo cierto es que la historia se repite, aunque el final no fue tan cruel como en ocasiones anteriores. Y es que si ante el Levante se jugó una primera parte impecable, lo mismo ocurrió ante un Athletic valiente, que también quiso ser protagonista desde el primer minuto. Una premisa que persiguen tanto maestro como alumno (Bielsa y Pochettino, respectivamente).    

Como si de una partida de ajedrez se tratara, el de Murphy fue superior a su rival en la apertura. Tanto, que el peculiar ex entrenador perico se vio obligado a rectificar su planteamiento inicial, pasando del 4-3-3 inicial al 3-4-3. Para ello, tuvo que mover sus piezas y recomponer casi todo el equipo, con cambios tan extraños como retrasar a Iturraspe al centro de la zaga y desplazar al lateral izquierdo Iñigo Pérez a la posición de medio centro.

Sin embargo, el Espanyol atropelló igualmente a su rival, merced a una presión asfixiante (Gorka Iraizoz se vio obligado a rifar algún balón pese a la consigna de su entrenador de jugar siempre la pelota desde atrás), recuperando balones en zonas peligrosas para el Athletic y, sobre todo, escogiendo el camino más corto hacia la portería rival. Todo ello con una intensidad y velocidad que hacían presagiar una matinal tranquila. Y lo fue durante la primera parte, aliñada con un bello gol de Javi López, que llegó tras una bonita combinación del ataque perico culminada por el sevillano, que supo aprovechar las muchas grietas en el flanco izquierdo rojiblanco. El tanto de la ‘tranquilidad’ (palabra que no aparece en el diccionario perico) lo firmó un inspirado Verdú, tras aprovechar un rechace de Iraizoz a disparo de Samuele Longo, disfrazado de martillo pilón y convertido en pesadilla para la defensa bilbaína.

Miedo en el cuerpo

Marcelo Bielsa no quería resignarse a interpretar el papel de convidado de piedra y quiso dar un golpe sobre la mesa  En el descanso ordenó la entrada de Ibai Gómez, un joven descarado al estilo Muniain. Enganchado en la banda izquierda, aportó frescura a un ataque que hasta ese momento había brillado por su ausencia y puso el miedo en el cuerpo a Javi López, que ya no pudo subir tan alegremente como en la primera mitad.

Esta acertada decisión de Bielsa fue el inicio de la reacción, que se plasmó en el minuto 55 merced ¿cómo no? a una jugada de estrategia, una faceta en la que el Espanyol sufre muchísimo y, como es lógico, paga la condena en diversas ocasiones (la penúltima en el Ciutat de València). Aduriz despistó a Héctor Moreno para superar a Cristian Álvarez con un cabezazo.

El Athletic sólo acortaba distancias, pero el Espanyol ya tenía el miedo en el cuerpo. Y es que en otra jugada de estrategia, Rui Fonte sacó un balón justo bajo los palos ante un Cristian que no ofreció su mejor versión y que contagió algunas dudas a sus defensas. Marcelo Bielsa veía el empate cerca y volvió a golpear al adversario con la entrada de Fernando Llorente, un nombre que impone respeto en cualquier estadio. Con dos puntas natos sobre el césped, el Espanyol vivió sus peores minutos. Se descompuso. Se la apagaron las luces.

¿Celebración antes de hora?

No podía ser de otro modo. El delantero internacional aprovechó un servicio de Muniain para ganar en velocidad a Raúl Rodríguez y enviar el balón al fondo de la red. Lejos de conformarse, el ‘Rey León’ falló a bocajarro ante un Cristian que le adivinó la intención. Pero cuando nadie lo esperaba apareció Wakaso, el futbolista más imprevisible de la plantilla perica, con la intención de cambiar el destino espanyolista. El ghanés, que en los instantes previos había cometido dos errores graves en su improvisada demarcación de lateral izquierdo, se inventó una asistencia genial a Longo, que no perdonó. Era el 3-2 y parecía que el Espanyol daba por finiquitado el partido: el joven ‘ragazzo’ lo fue a celebrar con la grada (se ganó la segunda amarilla) y Forlín se arrodilló mirando al cielo, como si estuviera celebrando la victoria. ¿Victoria? Craso error. Quedaban diez minutos...y con uno menos.

Un mal rechace de Víctor Álvarez (que había sustituido a Wakaso para apuntalar el flanco izquierdo de la defensa) fue aprovechado por Susaeta para centrar a Aduriz, que se sacó de la chistera una volea imparable. El 3-3 convirtió Cornellà en un manojo de nervios. Quedaban aún siete minutos, más el tiempo añadido, y se temía lo peor. Por si fuera poco, el colegiado se convirtió en protagonista. Primero expulsó a Pochettino por protestar y después castigó con una triste amarilla a Amorebieta por derribar a Stuani (previo regalo de Gorka) cuando era el último hombre. Un final no apto para cardíacos que acabó con reparto de puntos.

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