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promoción de ascenso a primera división (11 de junio de 1990)

Fin a la pesadilla tras una tanda de 16 penaltis

Albert Albesa anotó el lanzamiento definitivo, después de que Meléndez se lo detuviera a Villa

Jordi Luengo Jordi Luengo
11/01/2018

 

Un encuentro entre Málaga y Espanyol en La Rosaleda, indirectamente nos traslada la mente hasta el 10 de junio de 1990. En esa inolvidable promoción en la que el conjunto perico, por aquel entonces entrenado por Juanjo Díaz, recuperó la categoría en una tanda de penaltis que necesitó hasta 16 lanzamientos para decidir el ganador. Un ascenso que fue de infarto y que acabó con la pesadilla de una temporada en Segunda que no fue nada fácil. Desde estas páginas queremos recordar ese histórico partido en el que los pericos lograron el tercero de sus cuatro ascensos a Primera.

Mereció subir sin sufrir
El Espanyol no mereció sufrir tanto para lograr su objetivo y hubiera sido muy injusto no conseguir el ascenso. Viajó con un marcador favorable, 1-0 con gol de Gabino, durante los 210 minutos de juego en La Rosaleda ofreció una imagen muy superior al Málaga y, además, vio como sufrió una persecución arbitral, ya que Urío Velázquez no quiso ver dos penaltis en el área de Jaro. Pero el fútbol fue justo y, tras mucho sufrimiento, el conjunto perico pudo celebrar el ansiado regreso a la máxima categoría del fútbol nacional. Albert Albesa, tras la parada de Meléndez a Villa, tenía el ascenso en sus botas. El defensa no falló y el Espanyol regresó a Primera.
Ese día los primeros 20 minutos fueron un infierno para el equipo de Juanjo Díaz. Pero a medida que transcurría el encuentro, Wuttke empezó a ganar protagonismo y el Espanyol se hizo con el control del juego. Y en sus botas y en las de Gay tuvieron el gol que hubiera encarrilado la eliminatoria.

Mala salida tras el descanso
El gran arranque local se repitió en el segundo tiempo. Solo se habían jugado dos minutos cuando Rivas sorprendió con un fuerte disparo que superó a Meléndez. Al igual que en el primer tiempo, el Espanyol se sobrepuso a ese golpe y volvió a mandar sobre el verde. Gay y Eloy vieron como Jaro sacaba sus remates y Mendiondo como Urío no pitaba unas manos de Matosas dentro del área local. El buen juego perico tuvo continuidad en la prórroga, mostrándose más ambicioso que su rival. Pero no marcaron y se llegó al momento decisivo. A los lanzamientos de penalti. Todo o nada. Y en la mente de muchos pericos apareció el recuerdo de Leverkusen. Y para incrementar esos temores, Zubillaga, uno de los supervivientes de esa histórica UEFA del 88, falló el primer lanzamiento desde los once metros. Pero ese día cambió la historia.

El gran día de Juanjo
“Esta es una alegría para todos los espanyolistas, pero especialmente para los jugadores. Y quisiera destacar a dos en particular. Pineda y Orejuela por las muchas ‘putadas’ que han tenido que aguantar. Por lo que respecta a mí, he acabado el trabajo en el Espanyol. El vestuario se ha partido la cara durante la temporada y este es un premio justo”, manifestó Juanjo Díaz tras conseguir el ascenso en los micrófonos de Antena 3. Y reconoció que lo primero que hizo al acabar el partido fue “besar el escudo del Espanyol, en una aguja de corbata que me había regalado Pablo Ornaque”.


El vestuario perico era un valle de lágrimas de alegría y Carlos Meléndez se lo dedicó a la afición: “En estos momentos me acuerdo de esa afición que nunca nos ha abandonado. El ascenso va por ellos”. Mientras que Albert Albesa manifestaba que “seré del Espanyol hasta que me muera. Estamos donde nos merecemos”. Y en una línea similar se mostraron los otros protagonistas: Mendiondo, Luis Martín, Maestre, Eloy, Zubillaga, Gay, Wuttke, Archibald, Pineda, Escaich y Andrés.


El partido fue seguido por N’Kono desde Bari, donde estaba concentrado con su selección, y al término del partido pudo hablar con sus compañeros.

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