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NBA

La metamorfosis de Ricky Rubio

El base catalán muestra su perfil más ofensivo en su nueva etapa con los Utah Jazz

LUIS MENDIOLA
03/11/2017

 

Solo ha necesitado ocho partidos la afición de Salt Lake City, la capital del estado de Utah, para descubrir la evolución vivida en los últimos tiempos por Ricky Rubio. Cuando se produjo su traspaso este verano desde los Timberwolves, donde había jugado desde su llegada a la NBA, en el 2011, se sabía que el base de El Masnou, era un sólido organizador, un espléndido asistente y un competente defensor.

El responsable de darle un aire nuevo a estos Jazz, el técnico Quin Snyder, ha enseñado un perfil diferente de Ricky que hasta ahora permanecía oculto, una  versión mejorada con mucho más protagonismo en el esquema y en los sistemas ofensivos del equipo, otorgándole carta blanca sobre la cancha.

En siete de los ocho partidos que ha disputado ha acabado en dobles dígitos en anotación. En el último, ante los Portland Trail Blazers acabó con 30 puntos, 21 de ellos logrados en el último cuarto y en la próroga, en la que se convirtió en una pieza decisiva. Esos 30 puntos son la segunda máxima anotación de su carrera en la liga estadounidense después de los 33 puntos que logró en marzo aún en las filas de los Timberwolves. 

Los mejores números de su carrera
Ricky, que el pasado 21 de octubre cumplió 27 años, suma tres partido con 20 puntos o más, algo que solo había logrado una vez en sus seis años en la NBA y un vistazo a sus números impresiona, empezando por su media de anotación (17,5 puntos), la mejor de toda su carrera, en la que nunca había superado los 11 puntos de media.


Ricky, en plena acción /JAVIER ROJAS (EFE)

Ese mayor protagonismo en el tiro (12,9 tiros por encuentro, que nadie iguala en la plantilla) refleja también una notable mejora en los porcentajes de tiros de campo. Y, sobre todo, en los triples, situándose en el 37,2% de acierto, muy por encima del 31,8 % de media en su carrera.

«He trabajado muy duro el año pasado, que fue muy bueno, pero ahora me siento todavía mejor. El entrenador y todo el cuerpo técnico me están dando mucha confianza para que siga tirando», cuenta sobre las razones que justifican su cambio de mentalidad. «La etiqueta de mal tirador sempre me acompañará. Pero sí que he aprendido de la experiencia a convivir con ella», asume.

Cambio físico y mental
Ricky dio algunas pistas este verano sobre su metamorfosis a su paso por el Eurobasket con la selección. Durante el campeonato ganó protagonismo y fue una de las referencias ofensivas del equipo (9,5 puntos de media y 37,1% de triples) solo por detrás de los hermanos Gasol y de Sergio Rodríguez.

El cambio no solo es una cuestión física. También es actitud mental. «Yo diría que soy un Ricky diferente, mejorado. Es una etapa nueva que me ha coincidido con muchos aspectos de la vida, tanto personales como también deportivos, entre ellos la salida de Minnesota después de seis años», confesaba en una entrevista con EL PERIÓDICO a la conclusión del Europeo.

A Salt Lake City ha llegado un jugador muy alejado de la imagen de adolescente de sus primeros años, de  cuerpo mucho más musculado, poblada barba, larga melena, que recoge a veces con una coleta, y un inmenso tatuaje que decora su brazo derecho: una leona con su cachorro y una rosa tatuada en su brazo, y la frase: ‘Contigo se fue tanto de mí’, como recuerdo permanente  a su madre, que falleció a mediados del 2016.

«La NBA es otro nivel físico y si no estás a ese nivel es muy difícil mantenerse, sobre todo después de la lesión de rodilla. Así que he tenido que dar un paso adelante para llegar al nivel que quería», apunta Ricky, feliz por integrarse en un vestuario de marcado perfil internacional por la presencia de técnicos como el serbio Igor Kokoskov o de jugadores como el francés Rudy Gobert o el australiano Joe Ingles, con el que ya coincidió en la plantilla del Barça.  

«Está siendo una buena temporada para mí y me gusta», afirma Ricky. «Este equipo juega duro y esa es la forma en la que me gusta. Es divertido jugar así». 

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