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CARTA A LUIS

Con usted aprendí

Se cumplen cuatro años de la muerte de Luis Aragonés y queremos rendirle un homenaje

Imanol Echegaray
01/02/2018

 

Con usted aprendí que gran parte de la prensa es madridista. No porque sus colores sean los del Real Madrid, sino porque se vendían a lo que más dinero daba. Y, no nos engañemos, esos van de blanco. Eso me sirvió, aunque no lo crea, para saber el periodista que quería ser. Porque prefiero trabajar en otro ámbito que rendirme ante la caterva de mal nacidos que le hicieron la vida imposible por mantenerse firme en sus ideales, y que luego quisieron dorarle la píldora como si nada hubiese pasado. 

Con usted aprendí, entonces, a ser uno mismo.  A no dejarte intimidar ante nada ni ante nadie. A creer en lo que uno es y a trabajar para demostrar que los que se equivocaban eran los demás y no nosotros. Aprendí que los palos te hacen fuerte y que en las malas es donde se ve de qué pie cojea cada uno.

Pero sobre todo aprendí otra cosa. Y me paso ya al rojiblanco. Porque aprendí, con las historias de sus hazañas que me contaron desde crío, lo que era el Atlético de Madrid. Crecí sabiendo que casi nos hace campeones de Europa, que nos hizo campeones del mundo, que marcó el primer gol de la historia del Vicente Calderón, que ganó una Copa del Rey en el Santiago Bernabéu, que devolvió la honra a un equipo podrido en Segunda pero, sobre todo, crecí sabiendo que usted era una parte importante del escudo del Atleti. Del escudo de verdad.

Y sí, con usted aprendí a no dejar que nadie lo pisotease. Nadie. “No pise usted ese escudo” es una frase ya antológica del imaginario colchonero. Una frase dedicada en un momento puntual que esconde tras de sí la grandeza de este club. Una grandeza que ha sido pateada por muchos, muchísimos. Ajenos y propios. Sobre todo propios. Pero una grandeza inalterable para el que ama al Atlético igual que lo amaba usted. 

Con usted aprendí que sin usted todo es peor. Que desde su marcha en 2014 el Atleti que yo conocía ha ido, poco a poco, muriendo. Que quedan las historias, los momentos, las vivencias. Que queda recordarle a usted y a todos los que han hecho de este club un motivo de orgullo en las buenas y en las malas. Pero no puedo engañarle. El 1 de febrero nunca será un buen día. Es más, desde que nos dejó, por muy bien que vayan las cosas, siempre habrá un pero. Y ese pero es que ya no está. Gracias, Luis.

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