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CRÓNICA

Como en el jardín de casa (2-5)

El Atleti se pasea por Sevilla y se da un festín en un partido perfecto

Imanol Echegaray
25/02/2018

 

Se presentaba el Sánchez Pizjuán como en las grandes ocasiones. Himno del Arrebato a capela y ese juego de luces cada vez más normal en los grandes Estadios. Lo poco gusta, lo mucho cansa. Saltaba el Atleti con ese pantalón rojo que muchos odiamos, pero del que no nos desprendemos. Decidme en qué se pueden parecer el pantalón azul del Atlético y el blanco del Sevilla... Cosas del dinero, supongo. 

Empezaba el encuentro como el de Copa, con un Sevilla en tromba y un Jesús Navas dueño y señor de la banda derecha. Bueno, como en Copa, no. En el minuto 3 se presentó Muriel solo ante Oblak. Pero estar frente a Oblak no es estar solo. Paró el esloveno, porque lo para todo, y el rechace lo mandó fuera Joaquín Correa por poco. Un Correa que, dicho sea de paso, podría haberse ido antes a vestuarios por sendos piscinazos que Simeone protestó con insistencia. El que sí se fue antes a vestuarios fue Jesús Navas, que estaba siendo un dolor de cabeza para Filipe, pero sobre todo para Koke, que no estaba. Ahí empezó a morir el Sevilla y empezó a crecer el Atleti. Los rojiblancos subieron la presión y se fueron haciendo dueños del partido casi sin quererlo. 

En esas, Diego Costa andaba dormido. Volvía a uno de esos campos que le ponen, pero andaba más en quejas a sus compañeros por pases erráticos que en generar el caos. Hasta que llegó el minuto 28. Le mostraron amarilla en su primera falta, generó una pequeña tangana y, de seguido, se la sacó a Banega para batir a Sergio Rico y silenciar el Pizjuán. Celebraba con rabia y se señalaba el nombre. No hacía falta, en Sevilla todos saben quien es. Para desgracia suya.

El Atleti entró en el partido que más le gusta. 0-1 y a ver cómo reacciona el rival. No reaccionó el Sevilla. Sí Griezmann. El francés rebañó un rechace fuera del área y, tras librarse de dos entradas, conectó un derechazo a la escuadra de Rico. Un gol de bandera que suponía el 0-2. Normal que Simeone quiera que se quede este Antoine. 

Tras el descanso nada cambió. Si acaso, el resultado. En el minuto 50 llegó un hito histórico esta temporada: penalti a favor del Atleti. Servía Koke para Diego Costa y, la bestia, llegó a un balón al que nadie más hubiera llegado. Suficiente para tocar la pelota y que Sergio Rico le arrollase. Griezmann lanzaría con mucha calma para poner el 0-3. Si se quería vengar la Copa, se estaba vengando con claridad. 

El encuentro, entonces, entraba en un parón. Europa se notaba, sobre todo en las piernas sevillistas, y parecía el momento de tirar la toalla banca y a otra cosa. El Atleti no opinaba eso. Simeone metía a Correa por Thomas, porque olía sangre. Y tanto. Una nueva muestra de presión originó el cuarto. Mercado cedía el balón a Rico y, por ahí, aparecía Antoine Griezmann para ceder con un soberbio tacón a Koke para poner el 0-4 en el marcador. Se estaban gustando los rojiblancos. Porque sólo dos minutos después, el francés conectaba una volea que se estrellaba en el palo de la meta sevillista. Irreconocile el Sevilla y el Atleti gustándose. 

Simeone, entonces, ponía más leña. Entraba Vitolo por un Koke que empezó muy apagado pero acabó rindiendo a buen nivel. Qué importante para el Atleti sería la de recuperar la mejor versión del vallecano. Ni qué decir tiene que el canario ingresó en el campo entre una pitada descomunal. 

Bajó los brazos el Sevilla, también su afición. No el Atleti. No paró de tirar contras con peligro, ni de buscar con ahínco el quinto. Y lo consiguió. En una jugada marca de la casa de Saúl, con cambio de ritmo, yéndose de tres sevillistas, cedía el ilicitano a Griezmann para que marcase el quinto a placer. El tercero de su cuenta. Partido absolutamente perfecto. Así es el fútbol, además. Muchos llamaron “cagón” a Simeone al empezar el duelo por la alineación que puso en liza. Marcaría, en los minutos finales, Sarabia y Banega. Dos goles innecesarios y que, seguro, no gustaron a Simeone

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