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OPINIÓN

¿Ha muerto el romanticismo en el fútbol?

Con la marcha de Íñigo Martínez al Athletic se abre el debate

Imanol Echegaray
30/01/2018

 

Uno de los capitanes de la Real Sociedad, voz autorizada dentro del vestuario y uno de los jefes de la plantilla. Íñigo Martínez dijo hace unos años que jamás se iría al Athletic Club. Que no cambiaría de bando. Una palabra con fecha de caducidad. Concretamente la del 30 de enero de 2018. Uno de los hombres más importantes de la plantilla txurriurdin, en un momento muy delicado para la entidad (cerca del descenso), en el mercado invernal y a un día para que se cierre el mercado, se marcha de San Sebastián a Bilbao y deja a su afición con la boca abierta del chasco tan descomunal. Para hacer una comparativa correcta, es como si Gabi o Koke se hubiesen ido al Real Madrid en diciembre de 2011.

¿Por qué cuento esto? Porque hay que poner en perspectiva el fútbol en el que nos movemos hoy en día. El dinero lo mueve absolutamente todo. Muchas veces, por encima incluso de los títulos o de la felicidad. Explíquense si no qué hace Neymar en París en vez de en Barcelona. El amor a los colores escasea por ausencia. Hace unos meses se retiró uno de los ‘One club man’, Francesco Totti. Se alabó su amor y fe inquebrantable a la Roma. Pudo ganar más si hubiese salido, pero seguramente no hubiera sido tan feliz. Mismo caso le pasa a Xabi Prieto, que andará pensando qué ha hecho mal con Íñigo para que éste se convierta en tránsfuga y persona non grata en Anoeta después de ser uno de los suyos.

Y en estas andan los Koke, Saúl y compañía. Futbolistas que, si bien no andan en su mejor momento de forma, llevan las rayas rojas y blancas circulando por sus venas. Jugadores que han rechazado ofertas mareantes, sueldos de estrellas mundiales y promesas de títulos cada año por permanecer abrazados al Club Atlético de Madrid. Hombres que viven por y para el Atleti, y que son incesantemente cuestionados e, incluso, insultados o silbados por parte de una afición que parece no entender nada. 

El fútbol moderno da asco, en eso estaremos todos de acuerdo. Y la bajeza con la que Íñigo Martínez ha tratado al club que le ha dado absolutamente todo es digna del deporte actual en el que nos encontramos. Donde la palabra no vale nada y los sentimientos son alfombras que pisan con desdén. Pero en ese fútbol oscuro que lo acapara todo, queda la rendija de esos chavales que aman al club que defienden. Son la resistencia, y la afición rojiblanca debería estar orgullosísima de tener en plantilla a los Lucas, Koke, Gabi, Saúl, Thomas o Fernando Torres. Esto no siempre ha sido así. 

¿Queda romanticismo en el fútbol? Yo creo que sí. Poco, pero lo hay. Aunque es cierto que, desde las gradas, tampoco se está valorando como se debería. 

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