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OPINIÓN

Por qué Antoine se mereció una colleja en Cornellá

Desde el viernes llevo dándole vueltas a una jugada del Espanyol-Atleti

Roberto García
24/12/2017

 

En edad infantil-juvenil tuve un entrenador de fútbol base que nos daba una colleja a los jugadores si nos tirábamos al suelo. Una colleja de las de verdad, de las que suenan, escuecen durante un buen rato y te dejan el cogote rojo. Julio Prieto (así se llamaba el entrenador) comenzó a usar esta medida cuando cambiaron nuestro viejo campo de arena y grava por un flamante césped natural cuando el equipo senior de nuestra ciudad logró un ascenso de categoría.

Antes de eso, el solo hecho de acabar con las rodillas ensangrentadas y llenas de virutas de gravilla era suficiente castigo para evitar simular faltas. Después la tentación comenzó a ser grande, sobre todo en días lluviosos, y fue entonces cuando Julio comenzó a usar su 'vara de hierro' para gobernar el vestuario. "¡Acabad siempre la jugada, me cago en la hostia, que os soplan y vais al suelo!" nos gritaba como un energúmeno con su voz rasgada desde la banda, ante una afición (padres, madres y amigos) que se partía de la risa con el carácter de nuestro míster. Había ocasiones en las que llegaba a salir al césped, sin cuarto árbitro que pudiera contenerle, y eran los propios suplentes quienes le sujetábamos.

Julio, que tenía un cierto aire al difunto Manolo Preciado, no era en absoluto un dechado de virtudes en el aspecto táctico-técnico, pero sí que se empeñó en enseñarnos algunas cositas del "ABC" futbolístico que aún hoy perduran en nuestras mentes. Por eso, cuando en Cornellá Antoine Griezmann se pegó el piscinazo que se pegó en aquel balón perfectamente luchado y presionado por Torres (¡qué importante es presionar bien y poner el pie bien para un posible rebote!), no tengo ninguna duda que Julio hubiera saltado a por el galo y le hubiera dejado un aviso en la nuca. Por momentos, desee que fuera Julio y no Diego Pablo el que esperara en el descanso en el vestuario.

De no haberse tirado, todos tenemos la sensación de que había suficiente espacio entre Pau Lopez y la línea de fondo para que Antoine hubiera resuelto la jugada. Te pones 0-1 y a ver qué hubiera hecho el Espanyol ante un Atlético que no dejara espacios para la contra en la que acabó matando a los de Simeone. Ahora mismo tendríamos una Liga de dos en lugar de la Liga de uno que parece que tendremos de aquí hasta mayo. Toda una pena.

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