OPINIÓN

Sobre Griezmann y parte de la afición atlética

El francés estuvo acertado con el balón y desacertado con sus gestitos

Griezmann ante el Valencia
EFE

Imanol Echegaray

Los que me conocen, o los que me han leído estos meses, sabrán sobradamente lo que opino sobre Antoine Griezmann y todo lo que ha generado su figura desde el verano pasado. Saben, y me han leído, lo que quiero que pase este verano. Y saben, y me han leído, lo que creo que es el francés cuando está al 100% conectado con la camiseta que está vistiendo desde hace ya casi cuatro años. 

Pero esto aquí no importa. Vengo a hablar de la polémica que se ha suscitado desde que, el pasado domingo, Antoine se revolviese sobre el césped y mandase callar a un sector de la grada del Wanda Metropolitano que le recriminó frenarse en una contra en el minuto 90. La acción, futbolísticamente hablando, fue perfecta. Su entrenador y sus compañeros salieron en su defensa. Con el marcador según estaba, con la defensa tan cambiada a cómo empezó el encuentro y con un desgaste físico notable, haber tirado la contra hubiera supuesto que el balón acabase en el dominio del Valencia y pudiese pillar al equipo descolocado.

Pero, es más, sus últimos minutos (como los últimos minutos de Diego Costa) fueron un clinick de lo que hay que hacer con el balón cuando vas ganando por la mínima y necesitas rascar segundos al reloj. Algo que, quizás, el aficionado medio no entienda. Porque esta temporada no es novedad lo de silbar a un jugador por dar un pase atrás o por errar un pase. La sensibilidad a flor de piel se transite al terreno de juego, y llegan las imprecisiones y las prisas. No nos gustan los pases atrás, no nos gustan los pelotazos, no nos gusta nada. Pero sería bueno ver más fútbol y entender cada acción en cada situación. Contextualizar las jugadas y dejar a los que saben, que están ahí abajo, jugar al fútbol. Esas fuerzas valdrían más apoyando a esos once jugadores que silbándoles un error. No debería ser necesario que Simeone alce los brazos buscando apoyo. Eso tendría que llegar solo. 

Dicho todo esto, no vale para nada. El aficionado, pagando su entrada o su abono, manda. Es libre de criticar, de silbar, de animar o de no hacerlo. El Atleti, como cualquier club, debería ser de sus aficionados. Por y para ellos. Y ahí es donde se equivoca Griezmann. Porque su acción fue la correcta. Se pudo equivocar el público recriminándoselo, pero es que el público puede equivocarse. Lo que sí que no puede hacer un futbolista es tener los gestos que tuvo con la que todavía, es su hinchada. Ahora bien, no deberíamos darle más vueltas. Podríamos quedarnos con el partido completo que realizó Antoine. En ataque y en defensa. Participativo y con criterio. Ese es el 7 que necesita el Atleti para alcanzar los objetivos. Si después tienen que separar sus caminos, que los separen. Lo que ahora toca es remar en la misma dirección. 

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